9 de julio 2013 - 00:00

Francisco atacó la “globalización de la indiferencia” con los inmigrantes

Durante su primer viaje oficial como pontífice, Jorge Bergoglio se reunió en la isla de Lampedusa (sur de Italia) con jóvenes inmigrantes y arrojó  una corona de flores al mar para conmemorar a las víctimas africanas.
Durante su primer viaje oficial como pontífice, Jorge Bergoglio se reunió en la isla de Lampedusa (sur de Italia) con jóvenes inmigrantes y arrojó una corona de flores al mar para conmemorar a las víctimas africanas.
Ciudad del Vaticano - El Papa viajó ayer a la isla italiana de Lampedusa, la "puerta de Europa" de los inmigrantes indocumentados que buscan en el continente un futuro mejor, para llorar por los que perdieron la vida en las travesías, y denunció la "globalización de la indiferencia" ante esas tragedias.

Francisco, en su primer viaje como pontífice, arrojó una corona de flores al mar en homenaje a los muertos, se reunió con numerosos inmigrantes alojados en Lampedusa, distante 113 kilómetros de las costas de África, e hizo un llamamiento "para que se despierten nuestras conciencias y para que tragedias como las ocurridas no se vuelvan a repetir".

Durante la visita, usó un jeep prestado por un vecino de la isla, algo que lo diferenció de otros pastores que, denunció días atrás, utilizan autos caros.

El Papa denunció "la crueldad que hay en el mundo, en nosotros y en aquellos que en el anonimato toman decisiones socioeconómicas que abren el camino a dramas como éstos" y también a los traficantes que se aprovechan de la pobreza de los inmigrantes.

La muerte hace una semana de siete norafricanos cuando trataban de llegar a las costas italianas en medio de las redes de un pesquero tunecino, que fueron cortadas por los tripulantes, afectó al Papa y, según dijo ayer ante las 10.000 personas que asistieron en la isla a la misa que ofició allí, se le "clavaron como una espina en el corazón".

Francisco decidió que tenía que viajar a este lugar para mostrar su "solidaridad y cercanía", y en una fuerte homilía denunció la "globalización de la indiferencia" que hace que el hombre no se sienta responsable de las muertes de los inmigrantes que pierden la vida en las travesías buscando un futuro mejor.

"Inmigrantes muertos en el mar, en esas barcas que en vez de ser una vía de esperanza se convirtieron en un camino de muerte", afirmó el Papa, que añadió que el hombre actual, embebido en la cultura del bienestar "que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros".

"Nos hace vivir en una pompa de jabón, que son bonitas, pero no son nada más, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, lleva a la globalización de la indiferencia", agregó.

El papa argentino añadió que "nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los otros, no nos afecta, no nos interesa, no es cosa nuestra".

Echando mano de la comedia del escritor español Lope de Vega "Fuente Ovejuna", en la que todo el pueblo de esa localidad se adjudica la muerte del gobernador tirano, dijo que hoy "todos los hombres y ninguno" se hacen responsables de las tragedias de la inmigración.

"¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos. Ninguno. Todos respondemos: yo no fui, yo no tengo nada que ver, serán otros, pero yo no. Hoy nadie se siente responsable, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos caído en un comportamiento hipócrita", denunció.

El Pontífice advirtió que esa globalización de la indiferencia "nos hace a todos innombrables, responsables sin nombre y sin cara".

Francisco manifestó que la sociedad actual se ha convertido en una sociedad que se olvidó de "llorar por las personas que murieron en las barcas hundidas en el mar, por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos".

"Pidamos al Señor que nos dé la gracia de llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo", dijo el Papa, que también pidió perdón por "todos aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que conducen a estos dramas".

La eucaristía la celebró sobre un altar construido con un vieja barca y a la misma asistieron inmigrantes musulmanes, a los que dijo que la Iglesia está a su lado.

La visita a Lampedusa duró medio día. Francisco llegó, coincidencias, poco después de que una barcaza con 166 inmigrantes indocumentados llegara al puerto.

El Papa quiso darle un carácter sobrio. Lo primero que hizo fue lanzar al mar la corona de flores en memoria de los cerca de 20.000 inmigrantes que, se calcula, perdieron la vida en el mar intentando llegar a Europa en las dos últimas décadas. Después se reunió con medio centenar de inmigrantes, entre ellos mujeres y niños, que pidieron que Europa los ayude.

"Huimos de nuestro país por motivos políticos y económicos. Para llegar a este lugar superamos muchos obstáculos, fuimos robados por traficantes, sufrimos mucho hasta llegar aquí, le dijo un joven inmigrante, que le entregó una carta.

Agencias EFE, AFP, ANSA y Reuters

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