Sus palabras, que desataron una inmediata reacción del Gobierno turco, que convocó al nuncio vaticano para expresar su queja, se escucharon durante el saludo inicial a las autoridades y fieles armenios que acudieron a la basílica para participar en una misa en la que se conmemoró el centenario del "martirio" de este pueblo por parte del Imperio Otomano.
Jorge Bergoglio, con semblante serio, se dirigió a la asamblea para rememorar aquel "exterminio atroz y descabellado" que, parafraseando a San Juan Pablo II, calificó de "primer genocidio del siglo XX", seguido por los ejecutados por el nazismo y por el estalinismo. Dijo que recordar a las personas que padecieron aquellos acontecimientos es "necesario e incluso obligatorio" porque "ahí donde no persiste la memoria significa que el mal mantiene aún la herida abierta".
Tras las tragedias de la centuria pasada, el Papa opinó que "parece que la humanidad no consigue dejar de derramar sangre inocente, como si el entusiasmo surgido tras la Segunda Guerra Mundial estuviera desapareciendo y disolviéndose".
"Parece que la familia humana rechace aprender de sus propios errores causados por la ley del terror. Y así, aún hoy, hay quien trata de eliminar a sus semejantes con la ayuda del silencio cómplice de otros que permanecen como espectadores", lamentó, en un claro indicio de que el exterminio de los cristianos armenios es un antecedente, para él, de las actuales matanzas de otros cristianos a manos de terroristas islamistas. El presidente de Armenia, Serzh Sargsyan, declaró estar "casi convencido" de que las palabras del Papa serán consideradas "espinosas por el Gobierno y por los líderes turcos". "Distingo el Gobierno turco del pueblo turco. Estoy convencido de que las palabras del Papa tocarán las mentes y los corazones de muchos turcos, que tendrán así la oportunidad de reconsiderar el genocidio de los armenios y liberarse del peso de la historia", declaró.
Previsiblemente, el canciller turco, Mevlüt Çavusoglu, consideró que los dichos del pontífice argentino son un juicio "infundado" y "alejado de la realidad". Así, su Gobierno convocó ayer mismo al nuncio vaticano en Ankara, Antonio Lucibello, para expresarle su "desilusión y tristeza", lo que "abre la vía a la pérdida de confianza" con la Santa Sede. Asimismo, llamó a consultas a su embajador en el Vaticano, Mehmet Pacaci.
Tras pronunciar su mensaje, el Pontífice procedió a celebrar la misa por el rito armenio, para lo que el templo vaticano se vio inundado por el humo del incienso y por antiguos cánticos de tradición oriental. Entre los congregados se encontraban el presidente armenio Sargsyan, el patriarca de Cilicia de los Armenios Católicos, Nerses Bedros XIX, y el supremo patriarca Karekin II.
Con sus palabras, Francisco puso el acento sobre la cuestión del genocidio armenio, iniciado hace un siglo, el 24 de abril de 1915, durante la Primera Guerra Mundial. Fue entonces cuando las autoridades otomanas, que peleaban del lado de Alemania, pusieron en marcha una masiva deportación de armenios. Armenia, país independiente desde 1991 y situado en el Cáucaso meridional, estima que fueron exterminadas más de un millón y medio de personas entre 1915 y 1923 y otras 600.000 fueron deportadas.
Turquía, surgida de la desintegración del antiguo Imperio Otomano, reconoce las masacres de armenios pero defiende que fueron daños colaterales de los combates en la frontera oriental de su territorio. No acepta la terminología de "genocidio", lo que provocó graves crisis diplomáticas entre ambos Estados a pesar de que numerosos países ya la aceptaron, entre ellos la Argentina, Chile o Uruguay.
| Agencias EFE, ANSA y AFP, y Ámbito Financiero |


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