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Fue excepcional la IV Gala de Ballet en el Coliseo
Por la calidad de los intérpretes y la diversidad de estilos y lenguajes transitados, el balance de la nueva Gala de Ballet fue perfecto en tradición y novedad.
La Gala Internacional de Ballet de Buenos Aires, que ya es cada año el acontecimiento más esperado por los fanáticos locales de este género, tuvo en esta cuarta edición un nivel excepcional tanto por la calidad de todos los intérpretes como por la diversidad de estilos y lenguajes transitados, en un balance perfecto de tradición y novedad.
A Karina Olmedo y Nahuel Prozzi les tocó abrir el fuego representando al Colón con una sentida y bella versión el pas de deux de "Espartaco". Otros dos argentinos presentes en el Hamburg Ballet, Carolina Agüero y Darío Franconi (primera bailarina y solista, respectivamente, de la prestigiosa compañía), trajeron el arte de su director, John Neumeier, a través de dos dúos intensos interpretados con profundidad y estilo: el pas de deux de "Sylvia" y el "Adagietto" de Mahler.
Nicolai Gorodyskii, nacido en Ucrania y criado en Argentina, deslumbró con las variaciones de "Corsario" y "Llamas de París"; a los 18 años este fenomenal bailarín es indudablemente una de las grandes figuras del futuro. La dupla integrada por la española Alicia Amatriaín y el canadiense Jason Reilly, estrellas del Stuttgart Ballet, comenzó estremeciendo los ánimos y los ojos con el magnífico dúo "Mona Lisa" de Itzik Galili sobre música de Thomas Höfs, todo un desafío técnico y de flexibilidad, y en la segunda parte conmovió con un fragmento de "Onegin" de una teatralidad insuperable.
En calidad de estreno se vio el excelente "Kübler Ross", dúo gestado en torno a los estadios del duelo y complementado por proyecciones, obra de la sudafricana Andrea Schermoly, con dos bailarines asombrosos que prestaron sus cuerpos: el español Joaquín De Luz y la rusa María Kotchetkova. De Luz volvería a hacer gala de su dominio técnico y de la escena en la segunda parte, en el solo "Five variations" de David Fernández sobre el final del concierto BWV 1056 de Bach.
La originalidad de la compañía Momix se hizo presente con dos números muy celebrados de su líder, Moses Pendleton: el solo "Aqua Flora", bailado con notable pericia por Nicole Loizides, y "Millenium Skiva", en el que la bailarina y su compañero Steven Ezra desafían la ley de gravedad sobre esquíes.
También deslumbró una pieza extraordinaria creada e interpretada por la argentina Candelaria Antelo y el francés Arthur Bernard Bazin (HURyCAN): "Te odiero", reflejo del amor-odio de una pareja, resuelto con originalidad.
Una de las presencias más esperadas de la noche era la Herman Cornejo, el consagrado argentino que brilla en el American Ballet Theatre. Cornejo cerró la primera parte bailando junto a la encantadora Lauren Lovette (New York City Ballet) el clásico "Diana y Acteón"; la espléndida forma física y técnica de Cornejo cosechó ovaciones de un público especialmente atento a la pirotecnia.
En el final de la noche Cornejo protagonizó el casi infaltable pas de deux de "Don Quijote" junto a Kotchetkova; tanto en el conjunto como individualmente ambos fueron perfectos, y el fragmento tuvo además el sabor de un adelanto del espectáculo que cerrará este abono en noviembre: el ballet de Minkus-Petipa protagonizado por Kotchetkova y Daniiil Simkin, otro fenómeno del ABT ya idolatrado por el público local.


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