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Furia del Pentágono por filtración de pecados de guerra
El fundador de Wikileaks, Julian Assage, sostiene ayer un ejemplar del diario The Guardian, uno de los tres medios que tuvieron el anticipo de los documentos secretos. El periodista indicó que las pruebas revelarían «crímenes de guerra».
La difusión de los archivos clasificados, compilados por unidades militares en los seis últimos años de la guerra, dejó mal paradas a todas las naciones implicadas, desde Estados Unidos a Afganistán y Pakistán, así como a los miembros de la OTAN que mantienen tropas en el país centroasiático.
Aunque el Pentágono indicó ayer que es demasiado pronto para valorar los daños ocasionados, consideró la filtración un «acto criminal», en palabras de su vocero, el coronel Dave Lapan. «Revisaremos todo para tratar de determinar los potenciales daños a vidas de nuestras tropas y nuestros socios de coalición, si revelan fuentes y métodos y cualquier otro posible daño a la seguridad nacional», aseveró.
Clasificación
«Sólo hemos visto una fracción de los documentos difundidos, así que hasta que no los revisemos todos no podemos saber exactamente el alcance del daño», dijo Lapan. «Será cuestión de días, incluso semanas», dijo, y matizó que los documen-tos revisados no pertenecen al mayor nivel de secreto militar («top secret»), sino que están clasificados como «secret».
Tanta preocupación contrastó con otra estrategia desplegada por la Casa Blanca. Poco antes de que hablara Lapan, el vocero presidencial Robert Gibbs indicó que los cerca de 91.000 informes de campo «no contienen grandes nuevas revelaciones» pero sí detallan «nombres, operaciones, personal». Sin embargo, dijo que el presidente Barack Obama considera «alarmante» la filtración, dato comprensible habida cuenta de que el demócrata dispuso incrementar en 30.000 efectivos la presencia estadounidense en el pantano que representa Afganistán.
Los documentos fueron publicados el domingo por Wikileaks, un sitio que procura develar secretos gracias a las nuevas herramientas de la web, y reproducidos en exclusiva por The New York Times, el diario británico The Guardian y la revista alemana Der Spiegel, en tanto que ayer la noticia apareció en buena parte de la prensa internacional.
Los documentos denuncian, entre otras cosas, que los servicios secretos paquistaníes (ISI) arman y financian a la insurgencia afgana, a pesar de que Islamabad es oficialmente un aliado de EE.UU. desde 2001 y recibe una millonaria ayuda de la Casa Blanca.
También refieren matanzas de civiles que no salieron a la luz, groseros errores operativos, daños por «fuego amigo» y otros puntos oscuros de la estrategia de la OTAN. Los papeles de Wikileaks ven también la mano de la ISI paquistaní detrás de varios ataques espectaculares en Kabul.
En Washington, el embajador de Pakistán consideró «irresponsable» la publicación de documentos confidenciales que «no reflejan más que comentarios emanados de una sola fuente y de rumores que se muestran falsos».
Tras las críticas, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, defendió la publicación y fiabilidad de unos documentos que sugieren que en la guerra afgana se produjeron crímenes de guerra. «Corresponde a un tribunal decidir si estamos o no ante un crimen». «Dicho esto, a primera vista parece haber evidencias de crímenes de guerra en este material», precisó.
Wikileaks reveló ayer que demoraría la publicación de 15.000 documentos de los 91.000 para estudiar posibles riesgos operativos.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA


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