• La FIFA habilitará oficialmente mañana el estadio de Central
La cancha de Rosario Central a pleno. Con las obras de refacción perdería capacidad a menos de 40 mil espectadores. Pero todo indica que se jugaría ahí ante Brasil el próximo 5 de setiembre.
«La última palabra la tienen Diego y los jugadores». Nadie lo admitió abiertamente, pero lo cierto es que la conclusión de la inspección de FIFA del jueves pasado al estadio de Rosario Central tendrá su veredicto oficial mañana, pero si será el escenario o no del partido del próximo 5 de setiembre ante Brasil será potestad de Maradona y sus futbolistas. Aquella crítica despiadada al campo de juego de River («Yo en Fiorito jugaba en mejores canchas»), la posterior respuesta de los dirigentes millonarios, con José María Aguilar a la cabeza, y la frialdad que desde el seno del plantel argentino le achacan al Monumental sumaron para que Julio Grondona avanzase hacia el objetivo de cambiar de cancha para un partido de Eliminatorias después de casi 12 años, cuando en la Bombonera xeneize la selección de Passarella empató con Colombia 1 a 1.
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Independientemente de la resolución oficial que se basará en la opinión del veedor de FIFA, el venezolano Rigoberto Uzcátegui, el Gigante de Arroyito tiene pros y contras para albergar un partido de primer nivel internacional como un Argentina-Brasil por eliminatorias mundialistas. Suma la cercanía del público al campo de juego, las preferencias de pesos pesados del plantel por saber qué significa jugar en Rosario (Mascherano, Messi, Heinze) y que las obras que habría que realizarle al estadio no son muy onerosas: un millón de pesos, de los que se haría cargo AFA, para refaccionar los vestuarios, el palco de autoridades y la ampliación del sector destinado a la prensa donde se sumarían 180 pupitres para los medios escritos.
Hay puntos que hacen dudar de la decisión final de trasladar el partido a Rosario. De los 66.000 lugares en River se bajaría a un poco menos de 40 mil en Arroyito, las obras deberían haber empezado la semana pasada y Central postergaría el partido de la primera fecha del Apertura para no perder tiempo en la refacción total; tampoco existe un lugar para conferencia de prensa con la capacidad del de River, y el predio destinado para estacionamiento se vería reducido a la cuarta parte. Es decir, en los pasillos de AFA saben que la organización sufrirá incomodidades, pero se pondrá por encima de todo la necesidad deportiva, es decir, sumar puntos, y se toma el cambio de sede como un punto de mayor presión para el visitante.
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