14 de enero 2014 - 00:00

Giro anunciado: académico al frente de cárceles

Julio Alak
Julio Alak
La salida de Alejandro Marambio de la jefatura del Servicio Penitenciario Federal daba lugar anoche a múltiples lecturas en el fuero federal, donde la calma estival favorece intrigas que van por fuera de lo que acontece en los expedientes judiciales. Llegado de España, donde estaba radicado, Marambio se desempeñó cuatro meses y medio en el cargo y será reemplazado por su asesor Emiliano Blanco.

Su llegada fue considerada, en el ámbito de los tribunales, como una señal favorable luego de la renuncia de Víctor Hortel, quien había padecido la fuga de 13 presos en el penal de Ezeiza semanas después de haberse fotografiado en diversos jolgorios en unidades carcelarias en los que aparecía disfrazado de un héroe de historietas cómicas.

Marambio
contó con el apoyo de Julio Alak y el recelo constante de su segundo Julián Álvarez quien prefería, aun con algunas críticas, la gestión de Hortel.

Anteriormente, Marambio trabajó bajo la órbita de los exministros de Justicia Aníbal Fernández y Alberto Iribarne. Ayer avisó que renunciaba por cuestiones familiares que lo requieren en España (su esposa es fiscal allí) y además, al momento de su regreso él ya había avisado que era sólo "por unos meses".

A las pocos días de asumir y rodearse de un equipo de técnicos, Marambio entendió que debería desarrollar su gestión entre dos fuegos. Los sectores del oficialismo que se aferraron a los cuestionamientos del periodista-asesor Horacio Verbitsky a su nombramiento (por la vía de una denuncia del CELS) y un grupo de magistrados de la Casación Penal federal que durante 2013 se concentraron en los asuntos carcelarios con el argumento de que era necesario ya que los tribunales orales federales deben desempeñar las funciones propias de la ejecución penal, o sea, el contacto permanente con las unidades penales para el traslado de detenidos.

El grupo comenzó auspiciado por el entonces titular de la Casación Gustavo Hornos y al poco tiempo se sumaron el presidente del Consejo de la Magistratura Mario Fera, la procuradora general, Alejandra Gils Carbó, la jefa de la Defensoría Oficial. Stella Maris Martínez y algunos técnicos del Ministerio de Justicia. Una nómina heterodoxa para un asunto que tradicionalmente los jueces preferían observar de lejos.

Las reuniones se desarrollaban en el primer piso de los tribunales de Retiro y la metodología de trabajo ofrecía escenas imperdibles: la comisión elegía una unidad carcelaria ubicada en algún punto del país y se aparecían allí por sorpresa, conversaban con los presos (esto casi siempre en condiciones fuera de las reglamentarias) y luego redactaban un informe demoledor con destino al despacho de Marambio.

Papers con relatos tétricos -desde maltratos hasta insólitas deficiencias de infraestructuras- que no tardaron en llegar, en el mes de septiembre, hasta las vocalías de la Corte Suprema. Los ministros respondieron con una acordada en la cual solicitaban mejoras al SPF y lo cuestionaban por la modalidad en el traslado de los detenidos. "No puede ser que como no hay lugar para dormir tengan a un tipo arriba den camión circulando toda la noche", se despachó uno de los justices en un acuerdo dominado por asuntos tumberos.

Sin embargo no existieron en el Máximo Tribunal criticas centradas en la figura de Marambio sino más bien en el sistema carcelario y el rol policial en el mismo, urgencias demasiado espinosas para cualquier gestión.

La aversión contra este funcionario provenía de instancias inferiores, puntualmente del juez de los tribunales orales Sergio Paduczak quien participó en actividades de la comisión y emitió duros comentarios luego de haber recorrido el penal de Marcos Paz.

Blanco, que asume ahora en el SPF, fue el jefe de los asesores de Marambio y es un hombre con un extenso CV en materia académica (se ubica cerca de las corrientes garantistas y coordinó la reforma integral del sistema carcelario mendocino).

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