1 de septiembre 2016 - 00:39

Gobernar, entre la negación y la proclama utópica

Pobreza, inseguridad y narcotráfico son tres ejes que ninguna propuesta para gobernar la Argentina puede dejar de incluir entre sus prioridades. Así ha ocurrido en el país, aunque con suerte esquiva. En parte por negación y en parte por utopismo. Ambas, manifestaciones de ineficacia para la resolución de los problemas.

Que la negación de un problema nunca es la manera de solucionarlo es una verdad de Perogrullo. Se trata más bien de un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos negando su existencia.

Y la utopía -más allá de sus reminiscencias románticas es un proyecto, idea o plan ideal y muy bueno, pero imposible de realizar. En términos de gobierno, Tomás Moro acuñó en el siglo XVI la palabra utopía en una obra del mismo título en la que imaginó una isla desconocida en la que se llevaría a cabo la organización ideal de la sociedad.

Volviendo a las prácticas políticas recientes -extenso kirchnerismo y acotado macrismo-, la negación y la utopía han sido protagonistas esenciales.

Mucho se ha criticado a la anterior gestión de gobierno por apelar al primero de estos mecanismos en temas determinantes para la calidad de vida de los ciudadanos. En la pobreza, por ejemplo, y la decisión de dejar de medirla en medio de la manipulación estadística, como si así dejara de existir. Y de allí, sin tregua, a la proclama de "pobreza cero" -quimera si las hay-, que el manual del buen macrista aconseja repetir en cuanta oportunidad se presente.

Otro ejemplo emblemático es el de la inseguridad; percibida antes como una sensación, y transformada ahora en una consigna; revitalizada a partir del caso del médico que mató al ladrón. Suficiente como para que retorne la retórica susanogimenezca, vuelva el show mediático sobre un tema serio y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, espete -haciendo gala de oportunismo para decir algo que un sector de la sociedad quiere escuchar- que "la víctima fue el médico", cuando hay una causa judicial que determinará responsabilidades.

La tercera de las áreas de interés políticas, el narcotráfico, cobró relevancia el martes, a partir de una frase de Mauricio Macri: "El narcotráfico ha avanzado mucho por la negación del problema por parte del Estado". Entonces, a partir de este diagnóstico se volvió al consignismo en su máxima expresión: narcotráfico cero. Como si ello fuera posible...

La inseguridad no es una sensación, pero tampoco un eslogan. A la pobreza no se la puede negar, pero tampoco proclamar que se va a acabar con ella como por arte de magia. El narcotráfico no se resuelve sin ocuparse. Y los tres asuntos requieren ser abordados a través de una multiplicidad de áreas. Para todo se necesita -primero- decisión política, luego la elaboración de un programa y persistencia en su cumplimiento. Ni la negación kirchnerista ni el utopismo de Cambiemos. Ninguna conduce a nada que pueda aportar a una aproximación seria para la resolución de los problemas planteados. Todo en estos casos termina reduciéndose al campo de lo coyuntural y el oportunismo, cuando lo necesario sería modificar estructuras de funcionamiento deficientes.

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