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Gobierno ordenó presencia militar en el entierro
El Comando de Alistamiento y Adiestramiento de la Fuerza Aérea, responsable operativo de los aviones, puso en servicio un Fokker F-28 con un tiempo de apresto casi instantáneo como no se veía desde los preparativos del conflicto de 1982. El ministro, junto con la comitiva de altos oficiales de la cúpula militar, fue desbordado por legisladores y otros personajes del kirchnerismo que pugnaban por un lugar en el Fokker que finalmente acomodó a 47 pasajeros extracastrenses, entre ellos, Luis D'Elía y Emilio Pérsico.
El jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Normando Costantino no formó parte de la comitiva, partió hacia Santiago, Chile, donde la Fuerza Aérea trasandina festeja el centenario de su creación. En contraste con el esfuerzo y ahínco que se puso para alistar el Fokker destinado a Caracas, Costantino no pudo enviar ninguna aeronave de su fuerza a la parada militar que organizaron los chilenos; el Gobierno no lo autorizó. La seguidilla de incidentes, el último con la destrucción de un A4- AR en Santiago del Estero, desalentó la participación de máquinas por cierta desconfianza sobre el verdadero estado del material.
A mediados de 2012, Puricelli y su par venezolano Henry Rangel Silva firmaron un Acuerdo de Cooperación en materia de Defensa para reforzar las relaciones bilaterales entre la Argentina y Venezuela. El acto se cumplió a bordo de la fragata Libertad, cuando el navío visitaba el puerto de la Guaira. "Es un gran honor que esté en nuestro buque escuela y que firmemos este convenio de cooperación e integración en Defensa, que responde a la voluntad de nuestros pueblos de estar cada día más hermanados", dijo Puricelli en aquella oportunidad. Medio centenar de militares bolivarianos adiestrándose en unidades argentinas y también cursantes en el Instituto de Inteligencia de las Fuerzas Armadas es el resultado de ese mecanismo de intercambio. Parte del convenio habla de cooperación en tecnología e industria militar, proyecto que se sigue con atención porque allí estaría la simiente de un proyecto que comprende el desarrollo de un vector (cohete o misil) de uso pacífico del que podría formar parte una empresa venezolana asociada a otra iraní.
El contacto que alumbró aquel convenio es tan estrecho que se confía a un piloto venezolano la instrucción de novatos en la escuadrilla de Tucano con asiento en la Escuela de Aviación Militar de Córdoba. El marino Martin tiene un compromiso particular, agradecer en silencio el recibimiento que tuvo la tripulación de la fragata Libertad en la Guaira, uno de los puertos latinoamericanos visitados en el periplo que inmovilizó al navío escuela por más de 70 días en Ghana. La relación del jefe naval, submarinista, es casi histórica; conoció a muchos venezolanos de esa cofradía cuando la Marina de Venezuela confió la reparación del sumergible Picúa a los arsenales de la Base Naval de Puerto Belgrano, tareas que se prolongaron por más de dos años.


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