- ámbito
- Edición Impresa
Goerner: la técnica y la emoción
Nelson Goerner: un pianista en el que se conjugan la intelectualidad lúcida, la profundidad y la facilidad técnica.
Uno de los rasgos sobresalientes de la personalidad musical de Nelson Goerner, el brillante pianista nacido en San Pedro, es su capacidad para conjugar una intelectualidad lúcida, una profundidad innegable y la facilidad técnica que le permite plasmar sus ideas. En plena madurez, todas estas cualidades quedaron en evidencia en el primero de los recitales que brindó esta semana para el Mozarteum.
La elección del programa fue tanto un acierto como una muestra de su maestría y sobriedad. Goerner se centró en Beethoven y Brahms; de éste seleccionó una obra juvenil (las "Variaciones sobre un tema original" opus 21 n° 1, de 1856, y otra del final de su producción: las extraordinarias "Fantasías" opus 116. Del corpus fundador de las sonatas para piano de Beethoven, Goerner incluyó la más ambiciosa: la n° 29 opus 106, titulada "Grosse Sonate für das Hammerklavier (Gran sonata para el piano de martillos)". Ese caleidoscopio de músicas del siglo XIX fue una plataforma perfecta para su expresión nunca desbordada y su honestidad artística.
Brahms tiene siempre un sello casi inconfundible en su lenguaje, pero el de las "Variaciones" es muy distinto del de las "Fantasías". Goerner administró los colores adecuados a cada página (incluso las mismas "Fantasías" requieren un cambio de clima permanente) y logró el balance deseable entre intensidad y lirismo.
En la segunda parte, la "Hammerklavier". El pensamiento musical de Beethoven tuvo en la mente y las manos de Goerner el mejor vehículo, y quienes lograron ingresar en ese discurso grandioso, vivieron una experiencia inigualable. La monumental fuga con la que culmina, precedida por una de las páginas más enigmáticas de Beethoven, constituyó el punto más alto del recital.
Después de eso Goerner aún tuvo energía y generosidad para tres bises: el "Preludio en mi menor" opus 28 n° 4 de Chopin, "Preludio en Si bemol" opus 23 n° 2 y el "Nocturno" opus 16 n° 4 de Paderewski. Como para que nadie, ni sus más fieles seguidores, se quedara con las ganas.
Dejá tu comentario