28 de septiembre 2010 - 00:00

Golpe a la guerrilla desorienta a Chávez

El resultado de la elección del domingo modificó el mapa político de Venezuela. Pero ése no es el único cambio de importancia en esa parte del mundo. La muerte del «Mono Jojoy», líder militar de las FARC, el miércoles pasado, mostró que el futuro de la narcoguerrilla también es otro, no sólo dentro de Colombia sino también para la posición que adoptarán frente a ella sus dos vecinos con fronteras permeables, Ecuador y Venezuela.

Llamó la atención la falta de reacción de Hugo Chávez luego del golpe al campamento de «Mono Jojoy» (Operación Sodoma), calificado por el presidente Juan Manuel Santos como el más severo en la historia contra las FARC. Hasta ahora, el único comentario del venezolano fue una difusa ratificación de su compromiso por la paz con Colombia. Pero de «Jojoy», y del peligro que significa (para él y su Gobierno, claro) que hayan incautado 12 computadoras portátiles y más de 50 memorias USB con documentación, no dijo nada.

Como si esto no bastara, Chávez recibió ayer otro mazazo: su legisladora preferida en Colombia, Pilar Córdoba, fue destituida e inhabilitada por 18 años por la Procuraduría General en Bogotá por su colaboración con las FARC. ¿Las pruebas contra Córdoba? Aportadas, justamente, por otras computadoras, las halladas en el campamento de «Raúl Reyes», el canciller de la guerrilla abatido el 1 de marzo de 2008 en suelo ecuatoriano, hecho que ocasionó la ruptura de relaciones con Quito. Pican cerca, entonces, las balas para Chávez.

«No encaró el tema FARC en coincidencia con el tramo final de la campaña electoral porque le hubiera restado votos», dice desde Caracas y ante la consulta de este diario, Rocío San Miguel, analista de temas militares. «Estará obligado a pronunciarse sobre la derrota a las FARC que simboliza la operación contra Jojoy en las próximas horas», añadió. «Y mucho más ahora que no tiene a la senadora Córdoba de ventrílocua para hacer sus manifestaciones sobre la guerrilla», agrega una fuente en Caracas, que pasó las difíciles horas del conteo de votos el domingo en el búnker montado por el chavismo en el Hotel Alba.

Pero mientras que Chávez dilata su pronunciamiento sobre la nueva realidad de las FARC (la fuente cercana al chavismo aseguró a este diario que el bolivariano bien

podría «reciclar» su abatida imagen tras el domingo electoral marcando un distanciamiento frente a ellas), en Ecuador, las cosas ya han cambiado.

Lo mismo que Venezuela, Ecuador recibe a través de sus fronteras el derrame del conflicto colombiano. De los 600.000 «desplazados externos» por la violencia, habría ya 135.000 «pasados» a Ecuador. Si bien las fuentes oficiales ecuatorianas dicen que son 102.105 los refugiados y asilados que viven en su territorio, esas mismas fuentes señalan con preocupación que al menos otros 15.000 cruzarían este año la frontera.

«Las FF.AA. ecuatorianas nunca apoyaron la línea política de su Gobierno, de connivencia con las FARC», apunta Rocío San Miguel. «Por eso -explica-, hoy existe una clara y decidida cooperación militar y policial con Colombia», como las que pareciera hubo hace 15 días en la zona fronteriza colombiana del Putumayo, donde fueron abatidos 27 guerrilleros. Según esta analista, el presidente Rafael Correa («un pragmático», según su parecer), empujado por sus FF.AA., fue obligado a recomponer la relación con Colombia y a «empezar el camino de alejamiento del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas, bloque de países bolivarianos fundado por Chávez) y a distanciarse totalmente de Cuba».

Eso explicaría, también, que el Gobierno de Correa haya decidido proseguir con el Plan Ecuador, contraparte del Plan Colombia para combatir la narcoguerrilla. Creado en 2007 por el mismo Correa, «para fortalecimiento de la economía y desarrollo social en las provincias linderas con la frontera colombiana», casi fue dado de baja en enero de este año por falta de recursos y escasez de resultados.

No está de acuerdo con esta tesis Guillaume Long, doctor en Relaciones Internacionales y profesor en Flacso, quien desde Ecuador dijo a este diario que no hay tal cambio, «ni derechización en el rumbo» sino «un momento de cortesía con Colombia».

Pero en lo concreto, la semana pasada, el Plan Ecuador, que desde un principio quiso diferenciarse del de Colombia (iniciado en 1999, y con cooperación militar y financiera de EE.UU. que ya superó los u$s 7.000 millones), recibió ayuda, justamente de Washington. Fueron u$s 16,5 millones, la resultante de una reunión entre los ministros de Defensa de Ecuador y EE.UU., Javier Ponce y Robert Gates.

El ecuatoriano pidió, además, que EE.UU. insistiera ante el Gobierno de Santos para que «Colombia tenga una presencia más clara y definida en la línea de frontera». Mientras que Ecuador tiene en su frontera con Colombia 19 destacamentos y 10.000 militares (invierte en ello u$s 100 millones anuales), Colombia sólo tiene 3. Hubo más: Ponce le dijo al estadounidense que «Ecuador exploraría la posibilidad de que EE.UU. cooperara en el Consejo de Seguridad de la Unasur».

El pedido es un giro más que copernicano para Ecuador, que en 2008 aceleró el desmantelamiento de la base militar norteamericana en Manta. Mientras que la analista San Miguel dice que éste, el de la cooperación estadounidense, será un tema «para arrancarse los pelos» en la próxima reunión de ministros de Defensa del hemisferio en Bolivia pautada para el 26 de noviembre, en la Secretaría de Unasur dijeron a Ámbito Financiero que «rechazaban de plano» esa posibilidad y que «nunca sería puesta sobre la mesa».

Mientras tanto, el ministro de Seguridad Interna y Exterior de Ecuador, Miguel Carvajal, fue claro al calificar la operación contra el «Mono Jojoy» como «un golpe militar muy fuerte a las FARC». Pero, al revés que el analista Guillaume Long, quien considera que «Ecuador no quiere regionalizar un conflicto que es de Colombia», Carvajal ve en «la violencia en la frontera binacional no un problema de Ecuador y Colombia sino un tema generalizado en la región», que obliga a enfrentar de «modo generalizado a las organizaciones del narcotráfico». Ecuador ya hizo el cambio. Le toca ahora al hasta hoy enmudecido Chávez -razones no le faltan- pronunciarse al respecto.

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