20 de octubre 2014 - 00:00

Gounod, para escuchar con ojos bien cerrados

“Roméo et Juliette” : sustrayéndose a una versión teatralmente insostenible, es posible disfrutar de una realización musical muy lograda gracias a la dirección orquestal, los  cantantes y el coro.
“Roméo et Juliette” : sustrayéndose a una versión teatralmente insostenible, es posible disfrutar de una realización musical muy lograda gracias a la dirección orquestal, los cantantes y el coro.
"Roméo et Juliette", ópera en cinco actos. Música: C. Gounod. Libreto: J. Barbier y M. Carré, basado en W. Shakespeare. Coro y Orq. Buenos Aires Lírica. Puesta en escena: M. Marmorek. Dir. musical: J. Logioia Orbe (Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 17 de octubre).

Cupidos, corazones, guirnaldas de flores y una profusión de elementos por el estilo son la constante de la actual producción de "Roméo et Juliette", la ópera de Gounod que Buenos Aires Lírica presenta hasta el sábado en el Teatro Avenida. La propuesta escénica de Mercedes Marmorek enfoca el drama de amor y muerte desde un punto de vista irónico, exacerbando el carácter emblemático de la historia de los jóvenes amantes de familias rivales.

La acción se sitúa aquí en la París de fines del siglo XIX o principios del XX (están presentes por ahí la Torre Eiffel y una luna que remite a la de Méliès) y se presenta como un espectáculo de los que tanto agradaban al público de la época, en el que no faltan las bailarinas de "can-can" (parte de la coreografía de Ignacio González Cano, completamente en sintonía con las ideas de la régie). La marcación actoral, estoicamente sostenida por elenco y coro, enfatiza este sofocante baño de cursilería.

El efecto de todos estos recursos se traduce no sólo en un rápido empalago en el espectador sino que también se logra tornar todo previsible, restar al drama shakespeariano su profundidad, borrar cualquier posible rastro de emoción y humanidad y en síntesis brindar un producto estéticamente bello (adecuados escenografía, vestuario e iluminación de Nicolás Boni, Lucía Marmorek y Alejandro Le Roux) pero teatralmente insostenible.

Sustrayéndose a todo esto es posible disfrutar de una realización musical muy lograda en manos de Javier Logioia Orbe. Bajo su conducción, conocedora del estilo, todo fluye sin obstáculos, desde lo más grandioso hasta los menores detalles, y el rendimiento de la orquesta es en general muy bueno.

Santiago Ballerini, que se afianza como uno de los cantantes más interesantes de la nueva generación, compone a un Roméo casi ideal en canto y estampa: emisión pareja, agudos seguros, línea de gran belleza y una infalible musicalidad son las bases de otra tarea sólida en su carrera. Fresca y juvenil, la Juliette de Oriana Favaro es escénicamente óptima en este contexto, aunque la firmeza y el color de su voz en el agudo contrastan con un centro mucho menos sonoro que desluce su línea. Laura Polverini compone con gracia y sobrada vocalidad a Stéphano, y de igual manera se destaca en un elenco muy parejo el Mercutio de Sebastián Angulegui. Walter Schwartz (Laurent), Christian Peregrino (Duque de Verona), Iván Maier (Tybalt), Ernesto Bauer (Capulet), Vanesa Mautner (Gertrude), Alejandro Spies (Paris), Enzo Romano (Gregorio) y Darío Leoncini (Benvolio) completan el reparto con eficacia. Salvo por alguna intervención destemplada, el Coro Buenos Aires Lírica preparado por Juan Casasbellas se desempeña en excelente nivel en una partitura que le demanda importantes, bellísimos y en algunos casos complejos pasajes.

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