Lula da Silva, Cristina de Kirchner y Guillermo Moreno.
El Gobierno argentino decidió, para enfrentar la crisis internacional, cerrar al máximo la industria nacional y dejar que Guillermo Moreno aplique sus teorías económicas. Así, desde hace cuatro meses, sólo se deja importar a quienes demuestren que exportan. Algo así como un nuevo «uno a uno». En general, el mundo protesta vía diplomática. Así lo hicieron ya China, la Unión Europea y Estados Unidos. Pero como Brasil ya conoce de qué se trata ser socio de la Argentina, tomó otro camino. Sin reclamar de manera oficial, simplemente empezó a aplicar el mismo tipo de decisiones, pero de manera quirúrgica. Comenzó a trabar entonces en la frontera ventas clave, como la fruta del Alto Valle, el ajo mendocino, productos congelados, vino de Cuyo y aceites pampeanos y de la Mesopotamia. Sabe que impidiendo el ingreso de estos productos pone en jaque a las debilitadas provincias argentinas dependientes en gran parte de la suerte del gran socio. Es una manera de mostrarle al Gobierno argentino lo que puede suceder si Brasil se enoja en serio y cierra sus fronteras con más virulencia. Para parlamentar, hoy el embajador de Lula en Buenos Aires, Mauro Vieira, se reunirá en la Cancillería con Jorge Taiana. (Ver pág. 3.)
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