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Gustavo Codina: en busca del Orff menos conocido
Gustavo Codina: «Con nuestro espectáculo buscamos romper esos compartimentos estancos donde hay un público de danza, otro de ópera y otro de conciertos».
Periodista: ¿La puesta en escena de «Catulli Carmina» es una continuación de la trilogía «Los triunfos»?
Gustavo Codina: Exactamente. Orff compuso esta obra a raíz del éxito enorme de «Carmina Burana». En 1941 muchos empresarios teatrales alemanes le pidieron una continuación, y así es como decidió retomar un ciclo de canciones que había escrito entre 1930 y 1932 sobre poemas de Catulo, inspirado por los famosos versos «Odi et amo». Tomando como base estas canciones para coro a cappella y restructurando el ciclo, Orff creó este segundo número de la trilogía, que tuvo mucho éxito y a su vez motivó la tercera parte que es «El triunfo de Afrodita». No es una obra que se haga habitualmente en vivo.
P.: ¿Y a qué lo atribuye?
G. C.: A la complejidad de la escritura coral, con partes a 7 u 8 voces. Él pensó originalmente la obra tal cual la hacemos: el coro como un narrador, y en escena un grupo de bailarines que llevan adelante la acción, luego hubo otras versiones. La única versión «oficial» que se hizo aquí fue en noviembre de 1971 en el Colón, con dirección de Pedro Ignacio Calderón, y de hecho yo estoy trabajando con ese mismo material. En nuestro caso somos una entidad lírica, pero en este caso quisimos tender un puente hacia el mundo de la danza, y contamos con la coreografía de Carlos Trunsky. Buscamos romper esos compartimentos estancos donde hay un público de danza, otro de ópera y otro de conciertos, y creemos que esta unión nos enriquece y también al público. El programa se completa con la versión para dos pianos de «El aprendiz de brujo» de Paul Dukas, que no tengo registro de que se haya hecho aquí y menos con coreografía.
P.: ¿También pudo haber influido en el hecho de que sea menos popular que «Carmina Burana» la carga sensual del texto?
G. C.: El texto es muy revulsivo: para la época era muy osado ponerse a hacer algo sobre ellos. Pero en nuestro género pasa mucho que hay obras que quedan opacadas: al lado del éxito de «Carmina Burana», tal vez «Catulli Carmina» no colmó las expectativas en igual medida. Sí puedo señalar algunas cuestiones musicales: evidentemente Orff después de «Carmina Burana» profundizó su pensamiento teatral: en «Catulli Carmina» lo que hace es escribir textos propios sin alterar los originales, en especial el Preludio que introduce la historia que se va a describir en los actos 1, 2 y 3, y hay un epílogo donde se resume la historia. Además él hizo con «Carmina Burana» primero una versión orquestal y luego otra para dos pianos y percusión, y se ve que le gustó tanto que en «Catulli.» sólo hizo una partitura para esa formación.
P.: ¿Cuál es su visión de la figura de Orff en lo artístico y lo político?
G. C.: Es un tema todavía controvertido. En su momento Pola Suárez Urtubey rescataba la visión de Massimo Mila, el musicólogo y crítico italiano que estudió mucho este tema, y que consideraba que Orff era un referente de la izquierda musical junto con Werner Egk. Yo tengo otros datos: Orff era amigo del fundador del movimiento anti-nazi «La rosa blanca», que fue ejecutado durante la guerra. Pienso que un músico que decidió no emigrar de Alemania durante el período nazi se enfrentó a una situación difícil. Cuando hicimos «Carmina Burana» analicé la selección de poemas que hizo Orff, y me pregunté el porqué de haber elegido los 24 que eligió de todo el Códice, y me llamó la atención que algunos hablaban muchísimo en contra del régimen, pero de una manera muy elíptica, y encima en latín.
P.: Un mensaje codificado a Hitler.
G. C.: En el segundo número, por ejemplo, le dice al rey: «Hoy estás arriba, pero mañana vas a estar abajo», y es muy llamativo. Para mí es una personalidad compleja, no creo que haya sido un militante ant-nazi, pero pensarlo como un músico nazi por el hecho de haber permanecido en Alemania durante la guerra es una simplificación peligrosa. De hecho, los norteamericanos lo investigaron y lo sacaron de la lista de sospechosos, y no por intereses propios como en el caso del científico Wherner von Braun porque les interesaba incorporarlo al programa aeroespacial, entre otros casos, pero si un músico, que no tenía estas implicancias, fue quitado de la lista, me da que pensar que realmente no encontraron fundamentos. Hay que ser más amplio, comprensivo, considerar el lugar de las personas en el contexto en que vivieron y no apresurar juicios.
Entrevista de Margarita Pollini


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