- ámbito
- Edición Impresa
Heroínas de García Lorca con bienvenida irreverencia
Alain Kortazar (Bernarda Alba), Esteban Prol (Doña Rosita la soltera) y Nacho Gadano (Yerma), en el risueño y también emotivo “Anda Jaleo” de Susana Toscano.
Llevar a escena el universo poético de Federico García Lorca, algún aspecto de su vida o cualquiera de sus obras dramáticas implica varios riesgos, sobre todo cuando el elenco y el público son argentinos y hay que optar entre la exquisita musicalidad de los textos lorquianos y el habla rioplatense.
Por alguna razón, dentro de nuestra tradición teatral, sus dramas de hondo aliento trágico han derivado en un hispanismo folklórico que les quitó trascendencia, o bien condenó a su autor a homenajes con tufillo a museo. A contramano de esta corriente, la dramaturga y directora argentina Susana Toscano (radicada en España desde 1989) montó un espectáculo irreverente que sigue las huellas de Lorca, y reubica a tres de sus heroínas más emblemáticas en una aventura tan risueña como emotiva.
Y, como para transgredir aún más el paradigma lorquiano, los tres roles recayeron en intérpretes masculinos. El actor de origen vasco Alain Kortazar es una Bernarda Alba de antología: cruel, autoritaria y de acento bien castizo, pero con brotes psicóticos cada vez que le nombran a Margarita Xirgu. Cabe recordar que Kortazar reemplazó por un tiempo a Norma Pons en el protagónico de "La casa de Bernarda Alba", con dirección de Muscari.
A su lado Esteban Prol interpreta, con suma gracia y ternura, a una "Doña Rosita la Soltera" ingenua hasta la exasperación. Mientras que Nacho Gadano, poseído por "Yerma", lucha contra esa sufrida mujer que invadió su cuerpo y pone en ridículo su franca masculinidad. El actor abandona, de a ratos, su rol femenino (al igual que Prol) para exhibir su condición de porteño. Un procedimiento que vuelve aún más lúdica la representación. Sin faltarle el respeto al gran poeta granadino, "Anda Jaleo" pone a convivir a sus heroínas teatrales y se ríe de sus manías incompatibles y de sus anticuadas normas de conducta en relación al sexo, la maternidad y los derechos de la mujer. Y aunque las tres también se ponen serias al evocar la Guerra Civil o al recitar algún fragmento dramático, no se privan de armar revuelo en el velorio de Mariana Pineda, tal como lo harían Los Tres Chiflados.


Dejá tu comentario