- ámbito
- Edición Impresa
Historias de vida truncas por tragedia
La más impactante fue la de una joven mamá que decidió viajar en avión para cuidar la salud de su bebé y no exponerlo a un viaje terrestre. Se trata de Carina Mansilla, de 20 años, y su bebé Santiago Sloper, de apenas 10 meses, cuyos familiares los esperaban en Comodoro Rivadavia.
Según indicaron los allegados, la joven planeaba regresar desde Neuquén por vía terrestre, pero decidió abordar el fatídico vuelo porque el pequeño bebé sufría de broncoespamos y prefería no exponerlo a riesgos en el traslado.
Otra de las víctimas del accidente se iba a casar en octubre próximo. Los padres de Gustavo Basaldúa indicaron que el gerente bancario tenía planeado casarse el 7 de octubre próximo con su novia, y para tal fin «ya había alquilado el salón y comprado los souvenirs». Al momento del accidente, Basaldúa iba a una reunión de trabajo en Comodoro Rivadavia, y en junio tenía pensado volver a Buenos Aires para llevar a sus padres a conocer a la familia de su novia, que reside en Gualeguay.
El copiloto Adriano Bolatti estaba reemplazando a un compañero en el vuelo de la empresa Sol. «Él no tenía que volar. Un compañero le dijo que se sentía mal y él se ofreció a cubrirlo», relató Marcelo Díaz, amigo de Bolatti.
En tanto, el piloto Juan Raffo tenía 45 años, era oriundo de Córdoba, tenía cuatro hijos.
Además se encontraba un hombre que fue víctima de una tragedia por partida doble en pocos años. Se trata del geólogo Eduardo Musacchio, quien era padre de Sebastián, un joven asesinado en 2009, en Catamarca.


Dejá tu comentario