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Homenaje a un grande que se retiró
Rodrigo Roncero jugó su partido internacional número 55 con Los Pumas en la última fecha del primer Rugby Championship. Reemplazado en el minuto 73, al unísono los 37.000 hinchas se pusieron de pie y le rindieron un merecido aplauso durante poco más de un minuto. Era el reconocimiento a una carrera de entrega.
Llegó al rugby a través de un amigo; nadie en su familia lo había jugado. Una vez que Roncero empezó a disfrutar de este deporte en el club Deportiva Francesa, nunca más lo abandonó. «Sólo dejo de jugar; nunca dejaré el rugby», dijo quien se recordará como uno de los mejores de su generación y para muchos el mejor Puma en su puesto.
Jugó en Argentina M21 en 1998 y ese año participó en su primer test match, en Tokio frente a Japón. Tardaría en volver al seleccionado mayor; cuatro años que le vinieron bien para finalizar sus estudios de Medicina. Ya con el título bajo el brazo, emigró a Europa en 2002. «Quería probarme en el rugby profesional», explicó. Jugó dos años en Gloucester y luego pasó al Stade Français, donde estuvo hasta mayo de este año; también hizo un magisterio de medicina pública en La Sorbona.
En ese 2002 volvió al seleccionado argentino. Al dejar de jugar Mauro Reggiardo y Roberto Grau se abrieron oportunidades en 2004 para pilares y él la tomó con las dos manos. Fue titular hasta su retiro.
En silencio, siempre dio todo por su equipo, fuera Deportiva Francesa, Gloucester, Stade Français y aún mucho más cuando jugó para Los Pumas. Sin el imponente tamaño que requiere el rugby internacional, Roncero no tuvo problemas en hacerle frente a nadie y su coraje se tradujo en más de una pelea, nunca necesaria en un deporte que educa, pero que sirvieron para que su equipo no fuera por demás intimidado.
Aprendió a manejar el scrum y en el juego abierto siempre quiso jugar. Además, su tackle fue siempre una bandera. Muchos quedaron sorprendidos cuando a pesar de que se había deslizado que se retiraría en junio, eligió seguir en el Rugby Championship. «Mis amigos me hicieron ver que si no lo jugaba me iba a arrepentir toda la vida».
Jugó y lo bien que lo hizo. No sólo anotó su sexto y último try con la celeste y blanca contra los All Blacks sino que fue clave en el aspecto defensivo. Se fue en sus propios términos.
Ya es exjugador, pero al rugby lo lleva en el alma. Atrás quedaron esos sueños de médico. Hoy es empresario -dueño de la empresa de turismo Play Patagonia, que organiza giras deportivas y está asociada a la UAR en Argentina Rugby Travel- y si bien no se ve como entrenador, Deportiva Francesa «es mi segunda casa».
Se retiró un grande y acá va el merecido homenaje.


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