22 de noviembre 2013 - 00:00

ICP Orchestra: entre la brillantez y el disparate

Aunque no siempre regular en los resultados, la ICP Orchestra muestra una suma de elementos siempre valiosos en una agrupación musical: búsqueda constante y una saludable intención de entretener.
Aunque no siempre regular en los resultados, la ICP Orchestra muestra una suma de elementos siempre valiosos en una agrupación musical: búsqueda constante y una saludable intención de entretener.
  • Apertura de "Buenos Aires Jazz.13". Actuación de la ICP Orchestra. Con H. Bennink (batería), G. Janssen (piano), E. Glerum (contrabajo), M. Moore (clarinete), T. Delius (saxo), T. Heberer (trompeta), W. Wierbos (trombón), T. Honsinger (cello) y M. Oliver (violín). (Usina del Arte; 20 de noviembre).


  • No hubo demagogia en la elección de la holandesa ICP Orchestra para dar comienzo a una nueva edición del festival de jazz porteño. Es una agrupación prácticamente desconocida, no viene del centro mundial del género que está en los Estados Unidos y, sobre todo, hacen una música que deja constantantemente descolocado a más de uno.

    Hace 45 años, el baterista Han Bennink, el pianista y compositor Misha Mengelberg y el saxofonista William Breuker, organizaron esta orquesta (ICP = Instant Composers Pool, algo así como combo de compositores repentistas) con la intención de trabajar sobre la creación instantánea y de dar a la improvisación (aunque en rigor lo tiene en casi todo el jazz) un lugar equiparable al de la composición.

    Años más tarde, Breuker abandonó el proyecto, y hoy, Mengelberg -ucraniano de 78 años- el gran cerebro de la formación, tiene dificultades de salud y no puede sumarse a las giras, aunque su impronta y sus obras siguen siendo parte fundamental del grupo. De modo que, en el escenario, al menos si nos guiamos por lo que sucedió en la bellísima sala de la Usina, el liderazgo le cabe al también septuagenario baterista Bennink, un personaje sin dudas curioso.

    Cuesta saber e intentar definir el estilo de la ICP. Con un orgánico no habitual para el jazz de trío de cuerdas, cuarteto de vientos, piano y batería, a veces suenan como una big band que baja sus anclas en el hot jazz de principios del siglo XX. Pero no siempre son un noneto tocando en "tutti", y las reducciones camarísticas tampoco convencionales (violín-cello-batería-saxo alto; trombón-cello-contrabajo) los llevan a experimentaciones tímbricas y estilísitcas que se acercan más a las búsquedas de la música contemporánea. A veces son un grupo de free jazz, en el que ni siquiera es fácil distinguir el tema sobre el que están improvisando muy libremente. En otros casos, son una orquesta performática, con un fuerte acento en lo teatral, con Hennink haciendo monerías, apagando los tambores con los talones de las botas y desparramándose por el piso del escenario, o con el cellista Tristan Honsinger haciendo el papel de un director chiflado que conduce la creación repentista con sus piruetas circenses. A veces, cuando son más tradicionalmente jazzeros, suenan standards de, por ejemplo, Thelonious Monk o Hoagy Carmichael. Cuando apuntan a un lenguaje mucho más libre, el autor de los temas es el pianista fundador, y ausente con aviso, Misha Mengelberg.

    En esta suma de elementos, se dejan ver dos aspectos que son siempre valiosos en una agrupación musical: la búsqueda es una constante y tienen la recomendable intención de entretener. Con eso, no son regulares en los resultados y corren sobre una delgada línea entre la brillantez, la originalidad, el desparpajo y el disparate.

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