- ámbito
- Edición Impresa
IDEA: una relación que empezó mal

El evento de Mar del Plata generaba expectativas.
Las cosas empezaron mal para el oficialismo. Una encuesta entre los más de 400 empresarios que participaron de la cita contestó las preguntas del clásico cuestionario que los organizadores entregan el primer día de los debates. La encuesta arrojó el siguiente resultado. El 77% consideró que la situación económica del país estaba "mejor o mucho mejor que hace seis meses", pero muy pocos planearon tomar personal. Según el estudio que realizó la consultora contratada, D'Alessio IROL, muy pocos eran los que contemplaban aumento en la dotación de personal, y ponían fichas sobre todo en la capacitación de los propios trabajadores de cada empresa.
Ante los resultados, el primer expositor cercano al kirchnerismo tomó la palabra y expuso la visión que desde el Gobierno había sobre los empresarios, y viceversa. El secretario de Cultura, Torcuato Di Tella, admitió que en el sector empresario no había "un gran amor" hacia el presidente Néstor Kirchner y consideró que "para gobernar no es suficiente con el 50 por ciento de los votos", sino que "hay que tener el apoyo de algún grupo corporativo". Al respecto, afirmó que "los sectores corporativos empresarios en general no apoyan" al Gobierno, más bien "conviven y dialogan, pero no lo votaron". Agregó que "los sectores que más apoyan al Gobierno son los sindicales, especialmente los de izquierda".
La contestación diplomática vino del lado del presidente de Arcor, Luis Pagani. Éste aseveró que no veía un "antagonismo del mundo empresario con Kirchner" y llamó a los representantes del Gobierno y también al jefe de Estado al diálogo y al acercamiento. Descartó aquel concepto sobre las corporaciones y el crecimiento del país.
Néstor Kirchner tomó una decisión. No iría al tradicional cierre del viernes por la noche. Sería el primer jefe de Estado que, en décadas, no concurriría al evento, posición que mantendría hasta el final de su mandato y repetiría su sucesora, Cristina de Kirchner. En su lugar iría el ministro de Economía, que había heredado de Eduardo Duhalde, Roberto Lavagna, que ese viernes al mediodía recibiría instrucciones de Kirchner sobre lo que debía decir y sobre cómo debería "sacudir" a los empresarios para "marcarles la cancha". El expresidente comentaría luego entre íntimos que se sentía ciertamente enojado porque, a su entender, el mensaje final de Lavagna no había sido todo lo duro que quería. No sería el único problema que Néstor y el ministro de Economía tendrían como consecuencia del Coloquio de IDEA. En noviembre de 2005, Lavagna volvería a exponer y no se sumaría a las embestidas del jefe de Estado ante los privados en general y los supermercadistas en particular, a partir de un proceso incipiente: la aceleración de los precios. Los participantes del coloquio advertían el comienzo del proceso inflacionario, Kirchner lo negaba y, si lo había, consideraba que era culpa de los empresarios. Lavagna se colocó en una posición intermedia y, en parte, consideró que la por entonces leve inflación sería un tema a discutir puertas adentro del Gobierno. Días después, el mandatario santacruceño pediría la renuncia a su ministro estrella.
@cburgueno


Dejá tu comentario