4 de septiembre 2014 - 00:28

Impecable concierto de la Filarmónica de Dresden


Orquesta Filarmónica de Dresden. Director: M. Sanderling. Solista: C. Widmann (violin). Obras de J. Widmann, F. Mendelssohn y J. Brahms (Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2 de septiembre).
La Filarmónica de Dresden, con su casi siglo y medio de historia, regresó al país trayendo nuevamente consigo su tradición sonora, ahora a las órdenes del joven Michael Sanderling. Y pese a que no se abordó en el segundo de sus conciertos ninguna obra de Beethoven (como sí había sucedido el lunes, para el primer ciclo del Mozarteum), el espíritu del compositor de Bonn estuvo presente en los extremos del programa.

En calidad de estreno argentino se ofreció como inicio una obra de gran interés: "Con brio", una obertura de concierto de Jörg Widmann. La partitura de este discípulo de Henze, Rihm y otros, surgida por una convocatoria de Mariss Jansons, propone una reflexión musical que gira en torno a dos movimientos sinfónicos de Beethoven. Sobre este material, reconocible en muchos pasajes, Widmann despliega con habilidad una sucesión de tensiones y distensiones y apela a una tímbrica de gran riqueza y profusa en efectos instrumentales, impecablemente plasmados por la orquesta alemana.

Carolin Widmann (hermana del compositor) se sumó para abordar el concierto opus 64 de Felix Mendelssohn. El temperamento fluctuante entre lo melancólico, lo lúdico y lo apasionado de este autor y esta obra en particular le sientan muy bien a la violinista, que, más allá de imprecisiones en la afinación, sobresale y convence por su increíble musicalidad y su inteligencia para el fraseo. El bis que ofreció, el cuarto movimiento de la segunda sonata de Eugène Ysaÿe, confirmó esta gran calidad expresiva y madurez artística.

En la segunda parte el influjo de Beethoven volvió a hacerse presente al interpretarse la "Sinfonía número 1" opus 68 de Johannes Brahms: es bien conocido el peso que la obra sinfónica de aquél ejercía sobre Brahms, y también su calidad de continuador de la tradición. La Filarmónica de Dresden es, con la robustez de su sonido, la uniformidad y calidez de sus cuerdas, la transparencia de sus maderas (excelentes los solos de oboe y clarinete, al igual que el del concertino) y la precisión de sus metales, un instrumento ideal para dar vida a esta fortaleza sonora. Sanderling la guía con mano detallista y brinda una lectura sólida. Para el final orquesta y director se reservaron una carta de triunfo: el "Allegro vivace" de la obertura de "Guillaume Tell" de Rossini, vertido con una delicadeza, claridad de articulación y dinámica que revitalizaron y restauraron la belleza de este muy transitado fragmento.

Dejá tu comentario