- ámbito
- Edición Impresa
Impecable versión de “Oedipus Rex”
El argentino radicado en Suiza Facundo Agudín dirigió la monumental obra de Igor Stravinsky, en el marco del ciclo anual de conciertos de la Sinfónica Nacional.
De todos los adjetivos aplicables a "Oedipus Rex" tal vez el más adecuado sería el de "monumental". No solamente por sus características o por las intenciones de sus autores, sino por el lugar singular que ocupa en el imaginario musical de Occidente. Y para abordar un monumento de estas dimensiones sin naufragar en el intento era necesario un equipo nacional de primerísimo nivel, como el que, liderado por el argentino radicado en Suiza Facundo Agudín, llevó la empresa a buen puerto, en el marco del ciclo anual de conciertos de la Sinfónica Nacional.
El libreto de Jean Cocteau, cantado en latín según la traducción del cardenal, teólogo y latinista Jean Daniélou y recitado en la lengua local, sigue el derrotero trágico de Edipo según la obra de Sófocles. En un discurso no exento de ironía el Narrador va hilando los cuadros musicales, plasmados por Stravinsky en un lenguaje caleidoscópico y genial.
La versión escuchada el miércoles en el Auditorio de Belgrano, en un concierto que se repetirá esta noche (con Enrique Folger como Edipo), fue una sucesión de aciertos. Ricardo González Dorrego fue un Edipo perfecto, digno de cualquier escenario del mundo: claridad en la articulación del texto, musicalidad, línea y agilidad en la ya conocida belleza de su instrumento y la completa naturalidad de su emisión confirmaron por qué es uno de los mejores cantantes de nuestro país. El breve pero arduo papel de Yocasta fue asumido por la mezzo Cecilia Díaz con una solvencia y entrega mayúsculas. Como Creonte y el Mensajero, el bajo Mario de Salvo desempeñó una labor impecable a todo nivel, y el bajo Alejandro Di Nardo (Tiresias) y el tenor Maico Hsiao (El Pastor) completaron muy dignamente el elenco. Pese a la enjundia con la que asumió la parte del Narrador, Guillermo Gutkin no convenció plenamente, en gran medida por cierto tono "protocolar" que imprimió a sus parlamentos.
Una parte sustancial de esta ópera-oratorio reposa en la labor del coro masculino; los hombres del Polifónico llevaron a cabo una tarea estupenda, muy bien preparados por Roberto Luvini. Al frente de ellos y de una orquesta que brilló en todas sus secciones (en especial, como es habitual en la Sinfónica, las cuerdas, de un empaste y afinación magistrales), Facundo Agudín concertó con mano segurísima y logró climas de gran profundidad; sólo hubo que lamentar momentáneos desbalances de sonido entre voces e instrumentos.
El concierto se había iniciado con la "Fuga parisina", partitura de muy buena factura formal y tímbrica del compositor, arreglador y bandoneonista Pablo Mainetti, con el autor como solista. Entre ambas obras, Agudín se vio en el deber de dirigir al público algunas palabras para presentar la obra y al elenco, ante la ausencia del programa de mano que los responsables de la Sinfónica habían preparado. Según se supo, los recientes cambios en el área nacional de Cultura imposibilitaron la impresión a tiempo del material. Un detalle extra-musical, pero nada menor.


Dejá tu comentario