1 de noviembre 2011 - 00:00

Indignarse, un éxito editorial que trae más consignas que ideas

La generación de europeos 3.0 ha encontrado en el ancestral Stephane Hessel y en sus sucesores una forma de entender la realidad actual y obrar en consecuencia. Además de ser el responsable del nombre que aglutina a todos los indignados que salen a manifestarse en las calles europeas y estadounidenses, este nonagenario francés, exmiembro de la Resistencia, también puede ser considerado como el gestor principal de toda una serie de libros actuales que básicamente les enseña a los habitantes del Primer Mundo cómo enojarse y por qué.

«¡Indígnense!» («¡Indignez-vous!») comenzó a circular en Francia en 2009, durante las protestas por la reforma previsional que impulsaba el Gobierno de Nicolas Sarkozy, pero pronto ganó moméntum con las crisis políticas que se desataron en los países mediterráneos a raíz de la debacle financiera que comenzó en 2007.

Esta popularidad se cristalizó, por ejemplo, en las manifestaciones del 15 de marzo en España, cuando las consignas y quejas de Hessel se podían leer en carteles, blogs y escuchar en los discursos de las personas que protestaban desde la Puerta del Sol.

Pronto, la web estaba inundada de libros con un formato similar al planteado por el antiguo resistente. Uno de los más populares en España fue «Reacciona», una compilación de ensayos encabezada por el economista José Luis San Pedro y el juez celebrity Baltasar Garzón, que planteaba casi las mismas premisas que el libro del francés.

Otros títulos pronto fueron sumándose a esta lista que alimenta la indignación de los jóvenes primermundistas: «El horror económico», de Viviane Forrester; «Cuando nada vale», de Roy Patel; «Algo va mal», de Tony Judt; y «No nos representan», de Pilar Velasco entre otros, forman parte de ese miniboom editorial de libros de autoayuda política que dan letra a las manifestaciones indignadas en las capitales del mundo desarrollado.

Todos ellos comparten el tono y las ideas centrales del ensayo de Hessel: la forma coloquial de escribir, la crítica al sistema financiero y a la clase política, y la convocatoria a las clases medias -la «sociedad civil»- a salir a la calle para expresar su descontento, sin consignas políticas demasiado claras ni definidas y sin adentrarse demasiado en problemas más ríspidos para Europa como la inmigración (que no deja de poner en jaque actualmente al progresismo bienpensante de estos países).

Se pide «democracia real ya» -una de las iniciativas más populares vinculadas al 15-M- sin que quede demasiado claro qué se entiende por democracia «real» ni cómo plantean obtenerla.

En este sentido, una de las claves del éxito de estos libros es que se basan en una paradoja que Hessel encarna como personaje: la llamada nueva política toma como base el ideario que se desarrolló a partir de la segunda posguerra en Europa y que tuvo su cenit en el Mayo Francés.

De hecho, si se lee en detalle «¡Indígnense!», el tono subterráneo que circula en el ensayo es el de la nostalgia: el exintegrante de la Resistencia francesa, sobreviviente de los campos de concentración nazis y miembro de la comisión que redactó la Declaración Universal de Derechos Humanos no logra entender cómo toda esa potencia política se perdió, cómo el Estado de bienestar europeo que ayudó a construir entró en quiebra.

Hessel está en realidad indignado con las generaciones que vinieron detrás de él y los azuza con sus recuerdos de un tiempo heroico que, por pertenecer al pasado, puede ser perfectamente idealizado.

La otra clave para entender el éxito editorial de estos libros es el tono y la longitud. «¡Indígnense!», «Reacciona» y otros títulos en esta línea son ensayos muy breves, ideales para leer al paso y circular en formato PDF. En este punto, la nueva política también apela al pasado y a la tradición de manifiestos, libros rojos y decálogos de verdades que funcionaron como biblias políticas de distintas generaciones desde el siglo XIX en adelante.

La única diferencia en este caso es que los jóvenes 3.0 reciben por mail en sus teléfonos estos ensayos, que sus contribuciones a «la causa» se pueden hacer por tarjeta de crédito y que incluso hay espacio editorial para publicar un libro que provee consignas políticas para carteles de protesta («Carteles para el 15-M», de Raúl Campo Valdés) a la desmovilizada generación postsesenta de Europa.

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