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Inédito juicio: Sarko lleva al banquillo a un ex premier
Nicolas Sarkozy y Dominique de Villepin, en otros tiempos. La pelea entre ambos por la herencia política de Jacques Chirac derivó en acusaciones falsas contra el actual mandatario, al parecer fraguadas por el ex premier De Villepin. El escándalo se ventilará desde hoy en un juicio histórico.
El ex jefe de Estado francés fue testigo del desahogo verbal que Sarkozy, entonces ministro del Interior, le hizo en mayo de 2006: «Colgaré en el gancho de la carnicería al cerdo que ha tratado de recubrir de mierda mi carrera política». Es tiempo, pues, de cumplir la venganza y de ponerse el delantal para evitar que salpique la sangre. Hoy, De Villepin se sienta en el banquillo a la vera de otros cuatro implicados como inductor del presunto, alambicado (y probable) complot antisarkozysta.
Cinco años de prisión es el castigo que amenaza al ex primer ministro por haber conspirado contra el ahora presidente. De Villepin se declara víctima de un linchamiento judicial y aspira a un veredicto de inocencia, pero semejante iracundia verbal, con posdata a la instancia del jefe del Estado, no va a sustraerlo del trauma simbólico que supone sentarse en el banquillo.
Los tribunales franceses lo acusan de haber incurrido en un delito de calumnia, falsedad y abuso de confianza en relación con el escándalo Clearstream, sobrenombre de la sociedad luxemburguesa donde se alojaban presuntamente las cuentas secretas de unos cuantos ilustres súbditos franceses. Entre ellos, Sarkozy, quien por más señas habría cobrado una serie de comisiones multimillonarias como beneficiario de la venta de unas fragatas militares a Taiwán.
Los trabajos judiciales han demostrado que se trataba de un corpulento libelo, pero De Villepin, según dicen los magistrados, incurrió en una doble zancadilla. No sólo urdió una investigación secreta a costa de Sarkozy, ministro del Interior en su propio gabinete. También le ocultó que las pesquisas realizadas por los servicios secretos descartaban completamente su implicación en la trama.
La actitud de De Villepin respondía al deseo de eliminar un rival político. Es lo que siempre han sostenido en la instrucción los jueces Jean-Marie dHuy y Henri Pons, aunque el delfín de Chirac ha objetado a su favor que el proceso en cuestión se haya viciado y condicionado al figurar Sarkozy en la acusación particular. Sobreentendiendo que la Justicia francesa trata de hacerle el juego al presidente de la República.
El jefe de Estado también es presidente del Consejo Superior de la Magistratura y disfruta de un rango de inmunidad total.
Tenga o no razón, sí llama la atención la perseverancia de «Sarko» en el caso Clearstream. No por discutirle su derecho al honor o por cuestionar los placeres de la venganza sobre el enemigo íntimo, sino porque el jefe del Estado ocupa en la actualidad una posición anómala. Es, por definición, el presidente del Consejo Superior de la Magistratura y disfruta además de un rango de inmunidad total a cuenta de los propios privilegios elíseos.
Los mismos de los que gozaba Chirac cuando ocupaba el trono francés y cuando en 2004 fue concebido semejante complot antisarkozysta. ¿Estaba al tanto el predecesor del actual presidente? No cabe duda al respecto, aunque la Justicia francesa no ha encontrado razones suficientes para implicarlo. Al contrario, sí ha sentado en el banquillo al matemático Imad Lahoud y al ex directivo de EADS (casa madre de Airbus) Jean Louis Gergorin. Ambos se ocuparon de fabricar las listas y de presentárselas a De Villepin para hacer méritos en una trama digna de sobrepasar el ingenio de las novelas de Le Carré. Hoy empieza la primera entrega.


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