15 de febrero 2010 - 00:00

Israel hace pie en Centroamérica y desactiva al negacionista iraní

Hugo Chávez
Hugo Chávez
El sismo en el chavismo se propaga más allá de Venezuela. Con epicentro en Caracas, el temblor empieza a extenderse por el mapa de Latinoamérica. Ante el avance de la «falla bolivariana», ya se ven fisuras y desplazamientos en las placas tectónico-políticas del continente: mientras que a Chávez todavía lo apuntalan Cuba e Irán, algunos de los países incluidos originalmente en el proyecto bolivariano para Centroamérica, como Panamá, Honduras, Belice y Costa Rica, no sólo le dieron vuelta la cara al venezolano, sino que le extendieron la mano, públicamente, a Israel.

Flor de cachetazo para Chávez, que rompió relaciones diplomáticas con Israel hace un año -en ocasión de la guerra de Gaza-, colocando a Venezuela en el mismo lugar de aislamiento internacional que Irán. Si a eso se agrega que es inminente un abrazo de reconciliación entre los presidentes de Ecuador y Colombia, que Brasil amaga recular en su acercamiento a Teherán, y que Paraguay y Bolivia están dando muestras de que pueden vivir sin una Chávez-dependencia, el modelo continental originario del venezolano, además de hacer agua, se constriñe de manera considerable.

También, claro, se radicaliza en el sentido contrario al que venía. No es lo mismo tener un carné de membrecía del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas, fundada por Chávez), como tuvo la Honduras de Manuel Zelaya desde mayo de 2008, que tener, como pareciera tiene hoy el recién asumido presidente Porfirio Pepe Lobo, una credencial de «protegido por el Mossad», el servicio secreto israelí, fundado hace 60 años por David Ben Gurion, y que actúa, cuando puede, en consonancia con los norteamericanos.

Que Lobo tiene un anillo de protección puesto por el Mossad lo han confirmado el diario conservador La Prensa de Panamá y fuentes bolivarianas.

No sería el único de los países centroamericanos que en este momento le hacen un guiño a Tel Aviv. La recién electa presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, llevó como vice a un ex banquero judío, Luis Liberman Ginsburg, nieto de un mohel (circundador). Apenas electo, Liberman dijo que la intención de su Gobierno era convertir las relaciones de su país con Israel en «excelentes» y bajarles un cambio a las mantenidas con otros países de Medio Oriente.

En los últimos días de diciembre 2009, en Belice (la ex Honduras británica), el canciller Wilfred Elrington ordenó la exención de visado para ciudadanos israelíes. ¿El motivo? Facilitarles, así parece, la entrada y la salida a agentes y a empleados de seguridad con ese pasaporte. La medida, además, mostró un giro de 180° en la política exterior de ese país, que siempre desconfió de Israel por su apoyo histórico a Guatemala en sus reclamos territoriales sobre Belice.

Sin duda, los golpes más dolorosos provienen de Panamá. El presidente Ricardo Martinelli (asumió a mediados de 2009) acaba de ordenar la salida del país a los oftalmólogos cubanos y venezolanos de la Misión Milagro, que operaban en suelo panameño desde la presidencia pro chavista anterior, de Manuel Torrijos.

Junto con el exilio forzado de ese centenar de «boli-oculistas», la representación panameña ante la OEA se pronunció sobre las violaciones a la libertad de expresión en Venezuela.

Además, luego de hacer público su apoyo a la elección de Porfirio Lobo en Honduras, ya hay indicios de que el Gobierno de Martinelli está actuando juntamente con el de Álvaro Uribe en Colombia, en acciones contraofensivas contra las FARC. Un nuevo «eje del mal», el de Panamá-Bogotá, que molesta mucho a Chávez.

Pero el upper-cut para el knock-out se conoció este fin de semana: así como Hugo Chávez circularía con una guardia pretoriana de entrenadísimos agentes del G2 (servicios de seguridad del castrismo), así también, el presidente Martinelli habría sazonado el cóctel de los «servis» caribeños con un ingrediente kosher, al confiarle su seguridad exclusivamente al Mossad israelí.

En consulta telefónica desde Panamá, Mashy Meidan aseguró a Ámbito Financiero que «el anillo de seguridad del presidente Martinelli no está compuesto por agentes de compañías privadas israelíes, sino por personal estatal del Mossad, como ya fue confirmado por fuentes policiales al diario La Prensa».

Meidan es uno de los directivos de ISDS Panamá (International Security and Defence System basada en Tel Aviv), una de las tantas compañías de seguridad israelíes que están operando en Panamá y en América Central.

Según pudo saber este diario, antes de fin de febrero, el presidente panameño, acompañado por su vice, Juan Carlos Varela, visitarían Israel. No sólo para afianzar la alianza con Jerusalén, sino también para reforzar con los israelíes nuevas estrategias en seguridad, armamento y contraterrorismo.

Si se tiene en cuenta que EE.UU. e Israel generalmente van de la mano en esos temas, quizás Washington no esté tan distraído sobre lo que viene sucediendo en su patio trasero. O Latinoamérica, que es lo mismo.

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