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Israel reclama compensaciones a sus refugiados
La campaña fue anunciada ayer por el viceministro de Exteriores, Dani Ayalón, en Jerusalén, en el marco de la conferencia «Justicia para los refugiados judíos de los países árabes» y busca el reconocimiento internacional a un problema que Israel quiere equiparar al de los refugiados palestinos.
«Hubo cerca de un millón de refugiados judíos que fueron expulsados antes y después de la Guerra de Independencia de Israel», dijo Ayalón antes de que arrancara la conferencia, en la que participaron representantes judíos de varios países.
Según el viceministro, «hay que recordar que los judíos dejaron muchos más bienes que los palestinos» y que si en un futuro acuerdo de paz se habla «de una solución de los refugiados y de compensaciones, éstas deben ser iguales para árabes y judíos».
El Congreso Judío Mundial (CJM), la organización que encabezó en los 90 la lucha por la restitución de propiedades expoliadas por la Alemania nazi y la devolución de haberes en cuentas dormidas desde la Segunda Guerra Mundial, cifra el valor de las propiedades judías abandonadas en los países árabes en más de 20.000 millones de dólares.
«Nos expropiaron el negocio de mi padre -una gran imprenta- y nos quedamos sin poder trabajar», relató Levana Zamir, de 74 años y oriunda de Egipto.
Zamir, que era una niña cuando fue expulsada de El Cairo con el pretexto de que los miembros de su familia eran «sionistas enemigos», pasó por un campo de refugiados cerca de Marsella antes de radicarse en Israel.
«Nos expulsaron de Egipto, nos quitaron todo, fuimos refugiados y hoy vivo en Israel», afirmó.
Un documento del CJM que define a estos judíos como «víctimas del conflicto árabe-israelí», tal y como lo son los refugiados palestinos que fueron o se vieron obligados al exilio en 1948 y 1967, cifra en más de 900.000 los judíos que vivían en países árabes en 1945, de los que hoy quedan unos 7.000, la mitad de ellos en Marruecos.
Ayalón explicó que esos judíos, que en el caso de Irak vivían allí desde hacía dos milenios, fueron «despojados de sus bienes, atacados, masacrados y expulsados», lo que, en su opinión, los convierte en «refugiados» como cualquier otro del mundo obligado a marcharse.
«Fueron expulsados por decisiones tomadas a conciencia por los Gobiernos de los países árabes, que organizaron pogromos, redadas, asesinatos, y aprobaron leyes para despojar a los judíos de su nacionalidad», coincidió con él Jerrold Nadler, congresista demócrata estadounidense, participante en el encuentro. Un tercio de los judíos que residían en el mundo árabe hasta la década de los 50 se radicó en Europa y América, y los dos tercios restantes, en Israel.
Un hecho histórico que para la política palestina Hanán Ashrawi los despoja del derecho a autoproclamarse «refugiados», porque supone una contradicción con el principio más básico del sionismo sobre que Israel es el hogar nacional de los judíos.
«Si ése es el caso, los que viven en Israel son ciudadanos de un hogar nacional particular, y por tanto el Estado no puede considerarlos refugiados», escribió hace unos días en un artículo de opinión.
Nadler, que ha formulado varias leyes por el Congreso norteamericano para que los EE.UU. equiparen sus estatus, declaró que «el hecho de que Israel absorbiera a una parte de los refugiados judíos, lo que no hicieron los países árabes con los refugiados palestinos, no significa que no tengan derecho a una compensación por la propiedad que les fue robada».
El problema de los refugiados palestinos es uno de los históricos obstáculos en la resolución del conflicto de Oriente Medio.
La palestinos demandan que sus cinco millones de refugiados dispersos por el mundo regresen a los hogares que dejaron en el actual territorio de Israel, a lo que este país se niega porque -sostiene- alteraría completamente su constitución demográfica para dejar de ser el hogar nacional del pueblo judío.
Agencia EFE


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