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Jacquot: “Lo más cansador es no tener que filmar”
Benoit Jacquot: artista múltiple, dirigió una nueva versión del final de María Antonieta, que se verá esta temporada.
Periodista: Antes de ir al tema, ¿podría decirnos algo sobre su versión de «Emma Zunz» en 1993?
Benoit Jacquot: Para mí, Borges es uno de los escritores más importantes del siglo XX. Empecé a leerlo a los 16 años y lo sigo haciendo con placer. Me ofrecieron filmar cualquier texto suyo, me interesé de inmediato, y elegí ese cuento ya filmado por otros. Hace poco vi la versión de Torre Nilsson. Prefiero la mía.
P.: ¿Y sobre Nahuel Pérez Biscayart, su protagonista en «Au fond du bois»?
B.J.: Quise hacer un relato extraño, de un sordomudo que secretamente hipnotiza y seduce a una chica en un pueblito de 1865. Mientras buscaba infructuosamente un intérprete adecuado, vi «La sangre brota», de Pablo Fendrik. Ahí vi a ese joven que enseguida me hizo pensar. Quise encontrarlo, estaba rodando en Inglaterra, nos juntamos en Londres, me resultó un actor excepcional, de un potencial técnico que pocos tienen. Está rodando en Europa, espero que también lo haga en la Argentina.
P.: Vamos ahora a su Maria Antonieta, la rubia Diane Kruger. ¿La eligió por su parecido con Michele Morgan en «A la sombra de la guillotina»?
B.J.: Tienen similar atracción, es la «blondeur», pero Kruger hace el personaje con una violencia y ambigüedad que no está en Morgan. No me gusta esa película. La olvidé al hacer la mia. En cambio siempre recuerdo admirado otra de Michele Morgan y el mismo director, Jean Delannoy: «La sinfonía pastoral». De todas las obras que se han hecho sobre el mismo drama, prefiero la vieja «Maria Antonieta» de W.S. van Dyke con Norma Shearer, pelicula bastante hermosa. La de Sofia Coppola es muy irritante, aunque me gusta su insolencia, y otras ni me llamaron la atención. Tampoco las actuaciones, ni siquiera la de Shearer. ¡Es que nunca se vio ese permanente vaivén que pone la Kruger, entre joven caprichosa y reina de tragedias!
P.: Es cierto, va de un extremo a otro casi al mismo tiempo.
B.J.: Desafío interesante para una actriz. Nuestro principio fue crear un clima afectivo constantemente contradictorio, que sugiriera la idea de mujer bipolar. Que si en ese momento no fuera la reina más importante del mundo, estaría en el psiquiátrico.
P.: Y si no fuera tan linda.
B.J.: Tal vez. Pero no hace falta ser reina para ser bella.
P.: Las tres protagonistas son bellas.
B.J.: Por supuesto, yo las elegí. Kruger, Virginie Ledoyen como la duquesa de Polignac, y Léa Seydoux como la lectora de la reina. En la novela de Chantal Thomas «Les adieux à la reine», la lectora tiene 50 años. La volvimos jovencita para destacar más su inocente deslumbramiento por la reina, y para facilitar el desenlace. Dicen que el cinismo de los amos nunca sorprende, lo sorprendente es que los siervos se dejen alienar por ellos. Imagino que la chica lejos del palacio podrá salir de su identidad prestada y encontrar la propia, convertirse en alguien. Ojalá, porque me gusta mucho.
P.: Muchos personajes de la película realmente existieron. ¿También existió esa lectora?
B.J.: Al mando de la primera doncella, madame Campan, había dos lectoras, cuyos nombres se ignoran. Nuestra imaginación parte de ahí, aunque respaldados por una documentación tan informada como fue posible. Como sea, cualquier visión de otra época es una fantasía. Todo transcurre desde que la noticia de la toma de la Bastilla llega a Versalles, hasta que la familia real trata de huir, es decir, apenas cuatro días. Y como solo puedo imaginar con ojos contemporáneos, traté de filmar esos pocos días tal como hoy filmaría acontecimientos insurreccionales en cualquier lugar.
P.: Se aprecia ese nerviosismo aplicado a otros tiempos.
B.J.: Diferentes. El mundo no conocía la luz eléctrica. ¿Qué es un mundo sin luz eléctrica cuando cae el día? Eso conforma algo diferente, donde malentendidos y desgracias se ven de otro modo. Y los actores no actúan igual con luz de candelabro, no tienen la misma mirada. Y lo que se ve o no tampoco es lo mismo. En esta historia, donde todo está basado en un acontecimiento repentino que provoca el pánico, el desequilibrio de este regimen coincide con esos principios artísticos.
P.: Y la belleza del palacio choca con su parte posterior medio carcomida.
B.J.: El mundo de la corte era así, condenado sin saberlo, se estaba pudriendo. Es interesante la descomposición rápida de un grupo de personas adscriptas al poder. Son siempre las últimas en comprender la realidad exterior, por eso se quedan ahí y las atrapan fácilmente. Luego, está la asociación simbólica. ¿Por qué se quedó Allende en la Casa de la Moneda? Nunca lo entendí. Pudo haber escapado y organizar la resistencia en otra parte, en vez de defender su bastión. En otro sentido, lo simbólico también importa desde afuera. El pueblo (lo que entonces se llamaba el pueblo) quería a Luis XVI. Hasta hoy los franceses no se han recuperado de haber matado al rey. Nos gusta la monarquía, por eso nuestros presidentes se conducen como reyes. Mire lo que fueron Nicolas Sarkozy y Carla Bruni, el Rey Petiso y su mujer. Ella tenía mucho en común con María Antonieta: era una figura de la moda, fashioned, esa pareja tenía algo de borbónico.
P.: ¿Pero hoy tienen sentido las monarquías?
B.J.: Algunas ya son sólo un símbolo, pero en España, por ejemplo, ahí tuvo sentido, porque Juan Carlos impuso su autoridad real para facilitar la Transición, y no es seguro que España hubiera llegado de otro modo a la democracia.
P.: ¿Un director también es como un pequeño rey?
B.J.: Un director intentará ser un amo. Tener vasallos. Es mejor ser un maestro, y tener alumnos. O amigos. Un rey pocas veces tiene amigos fuera de su órbita más inmediata.
P.: ¿Qué viene ahora?
B.J.: Estoy escribiendo un melodrama contemporáneo, quizá bastante patético, y una adaptación de otra novela de época de Chantal Thomas. Como «Adiós a la reina» tuvo éxito y se vendió a muchos países, me proponen hacer esa, pero primero quiero hacer la contemporánea.
P.: ¿Hacer películas de época es más cansador?
B.J.: No hacer películas es cansador.
Entrevista de Paraná Sendrós


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