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James: ‘‘Solo retiraba casetes en sobres de papel madera’’
En una nota del semanario porteño Noticias Urbanas, se quejó de que Macri le echase la culpa a él de esas escuchas, admitió que retiraba casetes con escuchas telefónicas, aunque omitió toda referencia a que lo hiciera por orden de la SIDE. Esas declaraciones las hizo acompañado por su defensora Valeria Corbacho, a cuyo estudio James se ha incorporado como abogado. Aunque el aporte a la trama que se investiga en la Justicia es más que tenue, conviene retener los párrafos principales de esa nota en la que hablan James y Corbacho.
Asegura que en el Gobierno porteño es común echarle la culpa de lo que sucede a una tercera persona y eludir responsabilidades. «Macri cortó el hilo por lo más delgado, como siempre», dispara. Y refuerza su teoría enumerando otros temas de peso político, como «los derrumbes de Beara y del gimnasio de Villa Urquiza» y «las tomas de los colegios». «Siempre la culpa la tiene otro».
Durante la entrevista, se queja de que pasó la mitad de la vida de su hijo en prisión «sólo por retirar casetes en sobres de papel madera». En la causa central se lo investiga como parte de una supuesta asociación ilícita montada desde la estructura del Gobierno de la Ciudad, que grababa conversaciones telefónicas amparada en el seno de la Policía Metropolitana.
El ex policía dice que no quiere ni sentir de cerca la palabra «escuchar», prefiere «oír»; la otra ya no forma parte de su vocabulario. Su currículum fue, según comenta su abogada con ironía, la prueba más «rotunda» que guardaba el juez Norberto Oyarbide para incriminarlo. En tono de complicidad, ella desliza: «¿Quién no infló su CV alguna vez para conseguir un mejor trabajo?».
«La valija para pinchar teléfonos era en realidad una caja utilizada para medir el estado en el que se encontraban las líneas de teléfono de una empresa en la que trabajaba brindando ese servicio a los usuarios que tenían problemas»; «las cámaras a las que alude la causa estaban destinadas a monitorear a la mujer que cuidaba de su pequeño hijo y que se quedaba sola con él por obligaciones laborales suyas y de su esposa» y «los famosos equipos de escuchas eran material que había usado mientras aportaba información e instrucción en su labor dentro de la Policía Federal».
Corbacho denuncia: «Tan tocados estaban algunos expedientes por los misioneros que hasta le figuraban llamados sábados, domingos y días en los que estaba de vacaciones en Brasil. Según ellos trabajaba 24 horas y lo tomaron como rehén jurídico». «De repente, nadie lo conocía, pero todos le echaban la culpa», añade.
A la Policía Federal, James llegó por intermedio del comisario retirado Gabriel Pittaluga, quien creó un curso de instrucción para la fuerza en el área dedicada a investigar robos y hurtos. Él lo eligió para que se desempeñara como docente en las áreas que abarcaban el uso de tecnología. Luego, fue también quien indicó su nombre a Palacios para que integrara a la recién creada Policía Metropolitana.
James sostiene que, poco a poco, «el 95 por ciento de las mentiras que vertieron los grandes medios se va a ir desvaneciendo». Su abogada asegura que durante su detención no tuvo ningún tipo de privilegios y que, si bien su primer nombre es Gerardo, se lo llamó mediáticamente Ciro James porque tenía más impacto noticioso.
Recuerda su pasado como fotógrafo y documentalista (relata que llegó a filmar con la cadena de documentales National Geographic) y cuenta que hacía buceo por deporte o hobby, pero que fue calificado como «hábil buzo táctico».
«Gerardo queda detenido por las declaraciones de los policías misioneros. Desde Misiones se proveyeron los expedientes, llenos de irregularidades, sobrescritos y hasta escritos realizados todos con una misma lapicera», acusa la doctora Corbacho. «Ya no había más pruebas para seguir con su detención», agregó. «Igualmente, en caso de que se llegara a una condena, la misma podría ser de carácter condicional».
Respecto del tan difundido currículum, Corbacho señala que pidió oficios a todas las fuerzas en donde se decía que James había tomado capacitación y que la respuesta en todos los casos fue la misma: «Que ahí Gerardo Ciro James no había estado».


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