11 de abril 2013 - 00:00

Japón también lanzó helicóptero para reactivar

Un huracán sopla en el Japón. Son las políticas del primer ministro Shinzo Abe. Su propósito es aniquilar la deflación que castiga al archipiélago. Y no parece dispuesto a reparar en los medios para alcanzar tan noble fin. Instalado en el poder (por segunda vez) en noviembre, el controversial Abe arrasó con toda resistencia que se opusiera a su empeño. Así, el Banco de Japón tiene ya nueva cabeza y objetivo. Ambos perfectamente en línea con la llamada "Abenomics". Quien abrigase duda, la habrá perdido después de que el banco central lanzara, por unanimidad, su "relajamiento monetario cualitativo y cuantitativo". El QE3 de la Fed ya tiene compañía. El calibre del QQE nipón no le va muy en zaga (aunque se devalúe pari passu con el yen). No es poco si se piensa que la economía de Japón es sólo una tercera parte de la de EE.UU.

¿Qué hará el sector privado japonés -que es el principal acreedor mundial- ahora que conoce el compromiso de duplicar la base monetaria de aquí al final de 2014? La intención oficial es que se anticipe, y aumente su gasto. De ahí, el énfasis en lograr una inflación minorista del 2% en el "tiempo más pronto posible". La batería de medidas del QQE asombra. La variable instrumental ya no será la tasa de call interbancaria, sino la base monetaria, y, en menos de dos años, se doblará. En idéntico plazo, se duplicarán también las tenencias de títulos públicos, fondos de acciones (ETF) e inmobiliarios (REIT) en cartera del Banco de Japón. La norma que impedía adquirir títulos públicos en exceso del valor de la circulación monetaria fue abolida. Tampoco rige el tope de tres años: se comprarán bonos de hasta 40 años (y se duplicará la duración del portafolio). Es un ataque "masivo", en concurrencia con una política fiscal ultraexpansiva, que apunta a lograr una inflación del 2% antes que termine 2014. Pero la deflación es un hueso duro de roer. Los precios minoristas son hoy un 2,5% más bajos que en 2008 (y similares a los de 1992). La "Abenomics" es una revolución de las expectativas que sabe recompensar de contado a los creyentes (el Nikkei trepó más del 40% en yenes desde que asumió Abe), pero aún así, en los sondeos de opinión, el 60% de los consultados piensa que la meta del 2% no será alcanzada.

El QQE tendrá repercusiones dentro y fuera de Japón. Como se vio con las iniciativas de la Fed, lo importante no es lo que compra el banco central sino lo que hacen los vendedores -que se desprenderán de una cartera de activos de aprox. 1,3 billón de dólares- con el dinero que reciban. Aun si el QQE nipón no reactivara la economía real, y, por ende, los bancos no encontrasen demanda para sus préstamos, el influjo en los mercados de capitales será considerable. Como se dijo, el Nikkei trepa ya como si no hubiera un mañana (ni "sell in May"). Las crónicas reflejan la súbita avidez por las acciones de los inversores minoristas (un fenómeno habitual 25 años atrás, antes de la debacle de los años 90). Pero éste es un terreno resbaladizo, proclive a la exageración y a una posterior recaída que le aplastaría los dedos sin compasión a los entusiastas tardíos y poco avezados. La participación creciente de una base inversora minorista no puede descartarse, pero tampoco es prudente darla por sentado. Si la volatilidad asoma, regresará a cuarteles de invierno. Nada de eso, en cambio, arredrará a los inversores institucionales. ¿Con qué reemplazarán los bancos, los fondos de pensión, y las compañías de seguros de vida los bonos públicos que le vendan al Banco de Japón sabiendo además que éste les cuidará las espaldas hasta 2014? Tomando más riesgo. ¿Irán más allá de las fronteras de bonos y activos de renta fija? Sólo en el margen. O si la economía real de veras responde. ¿Se animarán a cruzar los límites internacionales? Dada la magnitud del programa, estarán forzados a hacerlo. ¿Querrán cubrir la exposición cambiaria? Mucho menos que de costumbre. La depreciación del yen es parte de la política mientras EE.UU. no se queje (aunque Europa pueda patalear como lo hizo en febrero a través del G-7, y China refunfuñe). ¿Resucitará el "carry trade", los negocios de arbitraje? Desde ya, aunque sea difícil precisar su magnitud. Hay que pensar que el juego no se limita a los orientales. Basta con mirar los resultados de los "hedge funds" para notar su participación (largo el Nikkei /corto el yen). Italia no tiene gobierno, y sólo un "insano" querría hacerse cargo (dice Bersani, uno de los tres interesados), pero sus bonos públicos cotizan en lo más alto de 2013. ¿Son los japoneses que están comprando? No, son los que pretenden ganarles de mano.

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