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Jueces y espías, claves en despedida del Congreso
• INGRESARON PLIEGOS DE MAGISTRADOS Y DE JEFES DE LA EX SIDE.
• PUJA POR VACANTE.
Ricardo Lorenzetti, Oscar Parrilli y Luis Cabral
La cobertura de vacantes en la Cámara Federal salteña y en juzgados de Corrientes y Entre Ríos así como también seis nombramientos en tribunales orales federales de la Capital tienen un sello mayoritariamente burocrático. No se registran en esos nombramientos grandes entretelones de la política. Los ascendidos son funcionarios de carrera como fiscales o defensores.
Un panorama en apariencia carente de emociones, pero que exhibe, por lo bajo, ciertos detalles como el hecho de que un candidato que contaba con apoyo del juez Luis Cabral (eyectado de la Casación por el oficialismo) terminó fuera del listado girado al Senado o el caso de la fiscal Sabrina Namer que deja el equipo que heredó la unidad del caso AMIA que fuera de Alberto Nisman (según habría comentado la propia Namer, es poco y nada lo que sucede allí y las perspectivas no son las mejores).
Para el oficialismo sirve tramitar un listado de este tipo porque acompaña la idea de descomprimir la tensión con el Poder Judicial por la ley de subrogancias.
La Comisión de Acuerdos es controlada por el senador Rodolfo Urtubey, que fue juez, tiene en su haber la presidencia de la comisión que debe implementar la reforma Procesal Penal y en su equipo al exrepresentante del Ejecutivo en la Magistratura, Hernán Ordiales.
Urtubey tiene además, como era de esperar, la expectativa de ser juez de la Corte Suprema en un eventual acuerdo que el peronismo del interior alcance con el Gobierno antes de diciembre para así facilitar el quórum en el Congreso.
Esa idea persiste en forma latente desde que hace semanas, en una tertulia crepuscular en Olivos, se terminó de descartar la ampliación de la Corte. Pero en ese mismo encuentro se reforzó la idea de que el oficialismo debe cubrir la vacante que dejo Eugenio Zaffaroni, juez nombrado por el actual signo político.
Por eso no debiera sorprender que en un lapso de quince días Daniel Scioli se pronunció dos veces en favor de cubrir la vacante en la Corte. También se lo expresó así a Ricardo Lorenzetti en el último encuentro que mantuvieron. El gobernador, y candidato a la presidencia, gusta de repetir el axioma de que dice en público lo mismo que en privado.
La aparición de Urtubey y su ambición cortesana implica un desafío para Adolfo Rodríguez Saá, que también se ofrece como facilitador de los votos que el pliego del candidato requiere. En las últimas semanas el senador cuyano perdió algo de terreno porque cuando le preguntaron a quién tendría en mente, dio el nombre de un escribano de su confianza.
Urtubey, por su parte, ya frecuenta diversos círculos (especialmente los empresariales) para posicionarse en la dirección deseada. En estos entornos emite un discurso estructural, pulido, sobre los grandes temas que se discuten en las máximas instancias judiciales.
Recientemente, cuando en un desayuno organizado por ACDE le preguntaron sobre el lobby judicial y cómo eso afecta la actividad económica, respondió con la evasiva típica de quien se asume por encima de esas cuestiones menores.
En esa ocasión también guardó un silencio calculado la diputada del PRO Laura Alonso. Es entendible: su principal sponsor es Daniel Angelici, gerente judicial de Mauricio Macri.
Ayer también ingresaron los pliegos de los jefes del espionaje Parrilli y Mena. Trámite necesario por la nueva ley de inteligencia y que el oficialismo busca exhibirlo como un avance en sí mismo para "cancelar una etapa oscurantista", tal como les viene diciendo hace tres semanas Parrilli a los principales hombres de negocios en un road-show organizado para llevarles calma tras la publicación de la nueva doctrina de inteligencia en la cual se apunta contra los llamados "golpes de mercado".
El destino de la Corte y el del espionaje son dos asuntos estratégicos para la nueva administración porque éstos contienen la relación del Ejecutivo con los tribunales. El primero, a un nivel institucional y político; y el segundo, más clandestino, aborda esencialmente el relacionamiento con los jueces federales de primera instancia. Los dos terrenos más agonales de un poder que espera el final de la temporada electoral.


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