El titular de la Corte llamó a grandes consensos para definir “políticas de Estado” frente a magistrados y Gobierno. Lanzó críticas veladas y elogios. Pidió émulo de justicia brasileña e insistió en autarquía financiera. Conclusiones finales serán llevadas ante Macri y el Congreso.
Light. Ricardo Lorenzetti, inauguró el año judicial. Pidió algo de “autocrítica” y resaltó la necesidad de hacer “una profunda transformación” en el sistema para lograr agilidad en los procesos.
Ricardo Lorenzetti dio el primer paso para que el Poder Judicial se sumerja en las aguas del Ganges y encare un proceso de reformas y adaptación a las demandas sociales, luego de llamar a una autocrítica sobre el rol que han tenido los jueces en los últimos años.
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En la apertura formal del año judicial y ante una asistencia casi perfecta de la primera plana de Comodoro Py, el presidente de la Corte Suprema en tono exhortativo y con un discurso más encendido que otros años- llamó a sus pares a vencer el miedo a los cambios. Lo hizo al inaugurar una serie de debates en comisión para que magistrados de todo el país discutan acerca de algunas modificaciones al sistema de administración de justicia, cuyos alcances parecen estar ya predeterminados. Forman parte de una solución para "aggiornar" prácticas y para tabicar, además, cualquier intento reformista exógeno que no tenga origen tribunalicio. Filoso, Lorenzetti deslindó algunas de las responsabilidades por el mal funcionamiento de los tribunales en los otros poderes del Estado, reclamó (una vez más) autarquía financiera para la Justicia, y logró entusiasmar con algunos conceptos a gran parte de la platea.
En un atril, secundado por Horacio Rosatti, Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda y Carlos Rosenkrantz, Lorenzetti combatió la apatía de la previa al acto de inicio del año judicial y al anunciado pack de reformas que impulsa para el Poder Judicial.
"Políticas de Estado" fue la idea fuerza del discurso que contuvo pinceladas de autocrítica (no muy específicas) y el llamado a la unidad para encarar un proceso de cambios que fueron enunciados en un amplio abanico de puntos: desde mejoras tecnológicas hasta cambios en los esquemas de Códigos Procesales, podando la cantidad de recursos que tienen las defensas, sin eludir la demanda por seguridad ciudadana. Buscó ser inclusivo con los representantes del interior del país, cuya lógica de trabajo impide que sean asimilados al protagonismo que adquiere la Capital Federal, y hasta lanzó con un dejo de ironía la posibilidad de extensión del horario de atención. Fue un guiño ambiguo, porque de todos los problemas que tiene el sistema, el Gobierno aprovechó el desprestigio social que tienen hoy los jueces para machacar con ese punto.
En primera fila lo escuchaba Germán Garavano junto a todo el Gabinete del Ministerio de Justicia. Enfrente, estaban los representantes del Consejo de la Magistratura, elogiados por Lorenzetti por haber colaborado con la activación de ternas para cubrir vacantes. Sin embargo, el Consejo no escapó a la crítica por su "diseño institucional". La Corte debe definir un caso donde se plantea que su actual integración es inconstitucional. Hasta el periodismo integró el listado de cuestionamientos, ante lo que se identificó como intentos de desprestigiar al Poder Judicial más allá de la crítica. Lorenzetti se mostró en una faceta en la que se siente cómodo: el de dador de contención a los jueces, y como un guía con la única linterna en medio de un laberinto.
El "expediente digital" como avance contra la burocracia del papel fue celebrado entre murmullos y en conversaciones posteriores entre jueces. Fue la vedette de la presentación: algunos consideran que su implementación derivará como efecto cascada en otras mejoras. Como la posibilidad de auditar su labor en tiempo real. Como metáfora de las distancias entre lo que proponía el discurso y lo que en realidad sucede, mientras se mencionaba la necesaria superación del papeleo, una empleada judicial atravesó el Patio de Honor donde se celebraba el acto empujando un carro con una pila de expedientes cosidos y con las puntas roídas, haciéndose paso entre los presentes que colmaron la presentación.
Un grupo especial de jueces de apoyo para casos de corrupción o megacausas también suscitaron gestos de aprobación. Pequeños y en formato light, hubo dardos dirigidos al Gobierno y una suerte de crítica a los procesos políticos "pendulares" de la Argentina. En un tramo, el supremo ponderó el sistema de justicia brasileño y evocó la figura del juez Sergio Moro, prácticamente pidiendo mayor autonomía en la toma de decisiones judiciales, sin tantas instancias de revisión y en un elogio de la celeridad como valor en sí mismo. La comparación incluyó un reclamo para que se puedan homologar las declaraciones de los arrepentidos por el Lava Jato en nuestro país, algo que la legislación actual prohíbe.
Erigido como una suerte de delegado gremial de los jueces, Lorenzetti los exhortó al cambio y a estar en contacto con "la gente" sin intermediarios. "Hay que tomar decisiones y cambiar. Si las instituciones no cambian, los ciudadanos cambian", dijo en señal de alerta a sus pares. Ocho comisiones serán las encargadas de la redacción de un proyecto final que algunos ven como oportunidad para un cambio de época.
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