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Kaufmann, con luces y sombras
La segunda presentación en el Colón del tenor alemán más aclamado hoy en el mundo tuvo momentos extraordinarios, aunque también otros que dejaron dudas. El público se rindió a sus pies, en especial en los bises.
Kaufmann. Segundo recital en el Colón, con el pianista Helmut Deutsch.
Hay cosas tan innegables como evidentes en Kaufmann, tanto que casi sería ocioso enumerarlas: que se trata de un artista con mayúsculas, capaz de materializar milagros interpretativos; que su inteligencia musical es fuera de serie, que su carisma y capacidad de comunicación son extraordinarios, que su voz es de un color atrapante (en especial en la zona media), que puede saltar de un estilo a otro con comodidad y destreza, y que es un recitalista sobresaliente. Pero hay cosas que, al menos por lo que se pudo escuchar en esta oportunidad, y justamente por tratarse de un cantante de semejante jerarquía y encumbramiento, no pueden dejar de señalarse: su emisión no es totalmente pareja y por momentos su línea se vacía de armónicos; el recurso de los agudos en "pianissimo" no siempre resulta feliz y corre el riesgo de transformarse en un vicio, y su afinación a veces exhibe notas calantes o crecientes.
Los bloques dedicados a obras de Henri Duparc (y dentro de él "L'invitation au voyage" y "Phydilé) y Richard Strauss se ubican dentro de los momentos más memorables del recital, seguidos por el inicial, consagrado a Schubert (en el que se destacó la versión de "Der Lindenbaum", del "Viaje de invierno"), y detrás los integrados por obras de Schumann y Liszt. A lo largo de toda la travesía, el increíble Helmut Deutsch, uno de los pianistas más experimentados, sutiles y refinados en este repertorio, garantizó el trasfondo instrumental perfecto para que Kaufmann realizara todas sus intenciones.
En medio de ovaciones impresionantes de una sala colmada, los bises, nada menos que siete, constituyeron un programa aparte y también dejaron un saldo con altibajos: una fantástica versión del "Aria de la flor" de "Carmen" (incluyendo el juego con una de las rosas que le fueron regaladas y una finísima "messa di voce" sobre las últimas notas), un "Celeste Aida" algo desarmado en el final, "L'anima ho stanca", de "Adriana Lecouvreur", la hermosa canción de Licinio Refice "Ombra di nube", sublimemente interpretada, el muy pedido "Nessun dorma" con otro final al límite, la canción "Core'ngrato" y un fabuloso "Dein ist mein ganzes Herz" ("Tuyo es mi corazón"), toda una declaración de amor a un público que ya sueña con su regreso.

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