Kelpers lanzan campaña para difundir que son británicos

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"No es lo que conoceremos sobre lo que pensamos (en las islas), es lo que conocerá el mundo sobre lo que pensamos".

La frase pronunciada el 9 de marzo durante una sesión en el Stanley Town Hall (municipio) expresa el eje de la campaña global de comunicación que lanzarán los kelpers con el resultado cantado -el triunfo del Sí- del referendo y su próximo paso: la autodeterminación.

La oratoria en vísperas del referendo correspondió al concejero Michael Summers, un histórico miembro del cuerpo legislativo kelper que comparte su vocación de poder, aspira a ser el primer gobernador electo -si alguna vez Londres permite que el cargo sea decidido por los isleños- con la de pujante empresario pesquero.

La consulta popular se hizo sólo para el electorado de los residentes británicos (1.673 personas); la opción ganadora resultó previsible: un 98,8 por ciento decidió continuar bajo dominación de la Corona. Con el entusiasmo y el merchandising del Sí, el Gobierno kelper prepara un road show en foros internacionales, entre ellos el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, la Unión Europea, Estados Unidos (se mantuvo al margen del referendo) y los encuentros con pares del Commonwealth.

La propaganda diplomática exige recursos; una parte saldrá del erario kelper, otra, de aportes de grupos de apoyo (supporters, en inglés) empresariales y vinculados con la política como el "Falkland Islands lobby", integrado por parlamentarios y miembros del Partido Conservador, se destaca Andrew Rosindell, quien impulsó la iniciativa para que Gran Bretaña bloquee préstamos del Banco Mundial a la Argentina.

La posición de la Cancillería, repetida por la embajadora Alicia Castro en una entrevista radial del domingo pasado, es que los kelpers son británicos implantados en territorio insular argentino. "El referendo no pone fin a la disputa de soberanía, es organizado por británicos, para británicos y con el fin de que digan que el territorio tiene que ser británico", declaró Castro.

Un año después de la guerra de 1982 el Parlamento sancionó la British Nationality Act 1983 que otorgó la nacionalidad británica a los kelpers.

La British Nationality Act 1983 reconoce que los isleños no son un "pueblo" distinto de quienes residen en Londres o en cualquier otra ciudad del Reino Unido. La norma pone en riesgo el segundo eje de la campaña posreferendo que planean los kelpers: el derecho a la autodeterminación, como lo advirtió Rodolfo Terragno. ¿Es posible sostener la identidad de malvinenses como pueblo diferenciado y ejercer la autodeterminación, si a la vez poseen la valoración de la ciudadanía británica? Advertidos de la contradicción ya hubo voces que pregonan la modificación del status de Territorio de Ultramar (Overseas territory) que posee Malvinas y su reemplazo por la de Estado Libre Asociado a Gran Bretaña, según opinó al portal Mercopress el politólogo Peter Willetts, integrante del grupo de observadores de los comicios. Es una de las categorías en que las Naciones Unidas aceptan la autodeterminación de sus habitantes en pequeños territorios con autogobierno, excepto la defensa y las relaciones exteriores, responsabilidad que queda en el Estado metrópoli, funciones que ya están a cargo del Reino Unido. Se gastan cerca de 110 millones de dólares anuales en la maquinaria bélica, aviones caza, misiles, buques y submarinos para proteger el archipiélago.

En 2002 los habitantes de Gibraltar, colonia británica cuya soberanía disputa España, acudieron a un referendo para elegir si accedían a una soberanía compartida, ganó el No a España. Gibraltar obtuvo el mismo hecho político que buscaron y lograron los kelpers con su plebiscito, Londres no puede hacer nada sobre su futuro sin su consentimiento.

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