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Kerkenah, el sitio donde los migrantes pagan 165 euros por una nueva vida o por la muerte
De allí partió la embarcación que naufragó el fin de semana, con un saldo de 100 muertos. Una serie de protestas violentas contra la policía derivaron en que el lugar se convirtiera en tierra de nadie.
Desolación. Un grupo de tunecinos llevan el féretro de un pariente muerto en el naufragio de Kerkenah. La morgue de Sfax es escenario cada vez más frecuente de imágenes de este tipo.
En lo que va de año, según Túnez, casi 6.000 migrantes intentaron realizar la travesía, de los cuales 2.064 desde las Kerkenah, añade.
El "vacío de seguridad" se remonta a unos disturbios de 2016 en el archipiélago, cuando manifestantes incendiaron comisarías durante protestas contra el grupo petrolero británico Pétrofac. Desde entonces, "el número de policías ´cayó considerablemente", afirma Shibani.
Además, cuando los migrantes son detenidos, la justicia los suele dejar en libertad, añade un responsable de seguridad que pide mantener el anonimato.
Los candidatos al exilio "saben que en caso de arresto en la región de Sfax y Kerkenah, los soltarán rápidamente", lamenta. Consciente del problema, el primer ministro Yusef Shahed exhortó a desmantelar "cuanto antes" las "redes criminales que se aprovechan de estos jóvenes que quieren emigrar y ponen en peligro su vida".
Las autoridades buscan a presuntos traficantes y anunciaron la destitución de varios responsables de seguridad de Sfax y Kerkenah. Unas medidas que no desaniman a "Ibrahim" quien, calzado con sandalias de plástico y abrigado con una campera azul, avanza por una pista que lleva, tras ocho kilómetros, a Al Jorf, punto de reunión de los candidatos al exilio.
Según todos los testimonios, de allí partieron el sábado 180 migrantes. Varias fuentes aseguran que la embarcación, prevista para la mitad de la gente, se hundió al cabo de tres horas.
Delante de la morgue del hospital universitario Habib Burguiba de Sfax, varias familias lloran mientras esperan su turno para recoger los cuerpos. "¡Las autoridades quieren dejar morir a nuestros hijos! ¡Los jóvenes ya no tienen esperanza aquí! ¡Están perdidos!", grita Fareh Jlifa, padre de Riadh, originario de Hama, cerca de Gabès (sur), dado por desaparecido.
Lívido y con los labios deshidratados, Kais, un joven de Mahdia (este), espera delante de un hospital noticias de su hermano Zubeir, de 17 años. Al cabo de una hora, una enfermera lo llama para que identifique "el cuerpo de un adolescente".
"No hay diferencia entre estos muertos y yo. Yo también soy un 'muerto en vida'. ¡No tengo presente ni futuro! ¡Mi país no me ofrece nada y no me quiere; quiero irme de él a cualquier precio!", afirma un superviviente de la tragedia que pide conservar el anonimato.
Lleva la pierna izquierda vendada por una herida sufrida en el naufragio en el que asegura haber "vivido el horror".
"Nadé durante cuatro horas, empujaba los cuerpos que flotaban hacia la derecha y la izquierda, me agarré a una plancha hasta que llegaron la guardia marítima y los militares", afirma. "¡La próxima vez lo voy a conseguir! No me voy a quedar a vivir en Túnez", asegura.
| Agencia AFP |

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