7 de enero 2009 - 00:00

Kirchner, a Cuba con Cristina con agenda que aún se negocia

Néstor Kirchner y Fidel Castro (en la foto, cuando asumió el santacruceño en 2003) mantuvieron un romance de imagen durante años. Pero el matrimonio presidencial se cuidó siempre de viajar a la isla, en donde rige una dictadura hace 50 años.
Néstor Kirchner y Fidel Castro (en la foto, cuando asumió el santacruceño en 2003) mantuvieron un romance de imagen durante años. Pero el matrimonio presidencial se cuidó siempre de viajar a la isla, en donde rige una dictadura hace 50 años.
El último mano a mano fue accidentado: corría 2006 cuando invitado top en Córdoba, Fidel Castro estalló en el momento en que, fuera de protocolo, Néstor Kirchner metió en la agenda un pedido para que el régimen cubano permita la salida de la isla de la médica Hilda Molina.
Como un déjà vu, desde el búnker secreto donde pasa sus días tras dejar el poder en manos de su hermano Raúl, Castro podrá rememorar sin agrado aquel encuentro que, ahora, con el expediente Molina irresuelto, el patagónico quiere reeditar en Cuba.
La inclusión del ex presidente en el pasaje oficial que partirá el sábado desde Buenos Aires -y el deseo del sureño de una cumbre con el líder cubano- irrumpe como el dato político de un viaje que, en lo formal, no aporta otros encantos más allá del gesto político.
Los dos asuntos aparecen teñidos de incertidumbre. La pretendida foto con Fidel no tiene fecha ni lugar pero, sin alardes excesivos, los Kirchner dan por hecho que el miércoles abandonarán La Habana con esa postal asegurada para el álbum familiar.
El expediente Molina asoma brumoso. Hay, en el máximo nivel, una vía de diálogo pero la Casa Rosada y el Palacio San Martín eligen, por ahora, la cautela. Quizá releyeron la historia: cuando Kirchner quiso «prepear» a Castro sólo logró extender el encierro de Molina.
Esta vez, la táctica es otra. Sin borrar la demanda de la agenda, no reducir la negociación con Cuba a ese asunto ríspido. Es reveladora la moderación que, hasta el momento, expone la familia de la médica. De esa calma no es ajeno el gobierno argentino.
Un funcionario, que se mueve con la misma habilidad en la política doméstica y en la diplomacia, graficó ayer con crudeza la encerrona de los Kirchner. «Si a les cubanos los querés imponer el caso Molina, hasta prefieren que Cristina no viaje a la isla», dijo.
La estrategia consiste, entonces, en moverse al ritmo de los cubanos. Es decir: dejar en sus manos el caso. En Cancillería, dos voces, recurrieron a una misma figura: «Por ahí, cuando nos estamos yendo, nos dicen que subamos a Molina al avión. Quién sabe».
Esa mirada se basa en una especulación: que el proceso aperturista que quiere encarnar Raúl Castro -y que se vio con la incorporación de Cuba a la Cumbre de las Américas y al grupo Río- podría ir acompañado de otras señales. Entre ellas, el permiso para Molina.
Capítulos
Desde que, a mediados de diciembre, en Costa de Sauipé, de pie en un aparte tras el almuerzo de los mandatarios de América Latina y el Caribe, Cristina de Kirchner y Raúl Castro acordaron la visita de la presidente a Cuba, se armó a las apuradas una agenda.
Todoterreno, una vez más, Julio De Vido aportó su know how: saturó la negociación bilateral con temas ligados al transporte y la energía. El canciller Jorge Taiana, además del diseño global, sumó un dato propio: la supresión de las visas diplomáticas y gubernamentales.
Fuera de capítulo Molina, cuya intriga todo contamina, hay un anexo sobre fármacos y vacunas, tema al que están abocados al menos dos laboratorios -Elea y Bagó-, y el plan oficial de crear un centro argentino-cubano de investigación y desarrollo en ese rubro.
Recién esta tarde, se terminará de definir el equipo que viajará con el matrimonio a la isla. Además de los Kirchner, De Vido y Taiana -escoltado por Agustín Colombo Sierra y Eduardo Sigal-, podrían sumarse Carlos Zannini, y los ministros Carlos Tomada o Débora Giorgi. También el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi.
Una rareza: en ninguna lista previa aparece el nombre de Graciela Ocaña, ministra de Salud y repentina experta en asuntos farmacéuticos, cuando uno de los temas centrales de la relación comercial con Cuba está vinculado con medicina y medicamentos.
Con ese temario, un presidente argentino volverá a pisar Cuba luego de 23 años. El anterior fue Raúl Alfonsín en 1986. Durante sus casi cinco años de gobierno, Kirchner evitó viajar. Ahora, como escolta de su esposa, ya sin Fidel en el poder, lo hará.

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