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Kirchner digita campaña con libreto ‘‘policial’’
Sergio Massa
La tregua, todavía frágil, no incluye por un asunto urticante: la presencia o no del jefe de Gabinete en la lista de diputados nacionales del FpV, Massa deslizó por varias vías que no quiere. Pero, por el momento, Kirchner no se lo planteó abiertamente.
Se limitó, como al pasar, a hacer un testeo por intermedio de Randazzo.
- Sergio, tenés que ser candidato.
- Flaco, vos sabés que no quiero. Además ¿por qué tengo que ser?
- Porque medís bien...
- Entonces, vos postulate en Chivilcoy por la Cuarta.
- Es otra cosa.
- Dale y yo, además de jefe de campaña, encabezo la lista de senadores de la Primera.
Queda, para otros momentos, ese intríngulis. Gestual, de todos modos, Massa se mostró más aplicado con su nueva tarea y, operativo, se metió en la campaña por una ventanilla que será, según el diseño de Kirchner, uno de los tres ejes de la carrera electoral: la seguridad.
Inquieto por el avance de Francisco de Narváez, Kirchner terminó por asumir, con un delay de un lustro, el peso de la cuestión policial. Por eso, siguiendo la estela de De Narváez, seleccionó como uno de los ejes de su campaña, la batalla contra el delito.
El viernes, en Malvinas Argentinas, hubo un indicio: Massa y Daniel Scioli hicieron un despliegue de luces en la entrega de patrulleros. Será, en adelante, una foto habitual que en mayo, con la candidatura oficializada, incluirá también al ex presidente.
Aníbal Fernández, que programó el plan para desplegar 1.000 gendarmes en el conurbano -que ya comenzaron a tomar posiciones- coordinará el desembarco en las 38 ciudades más pobladas de la provincia. Muy parecido a un proceso de militarización.
A Kirchner no le quedó otra que atender, con eso, una súplica de los intendentes. Se bosqueja un cambio de paradigma: la obra pública, mucho menos ágil y prolífica que la prometida en los avisos oficiales, no alcanza para apagar la ansiedad de los votantes.
Camperos
Jefes de campaña a dúo, Randazzo y Massa compartirán, mirándose de reojo, la segunda cumbre con la cúpula del PJ bonaerense -la primera fue el último martes-. Tiene cita Alberto Balestrini, Hugo Moyano, Hugo Curto, Cristina Álvarez Rodríguez y Osvaldo Goicoechea.
Kirchner espera, ansioso, informes sobre el efecto Alfonsín. Quiere indicadores, tan siquiera percepciones, del pronosticado repunte de la UCR que, desea, actúe en detrimento de la dupla De Narváez-Solá. ¿La última contribución del caudillo de Chascomús al bipartidismo?
La especulación que apasiona a los kirchneristas es que el regreso del radicalismo a la grilla electoral divida el voto del campo y detenga la avanzada de De Narváez. Los encuestadores no tienen respiro. Miden todo y a todos: ¿Amado Boudou en la Quinta?, ¿José Eseverri como senador por la Séptima?
Esos ensayos, que tuvieron una escala en Cristian Breitenstein, alcalde de Bahía Blanca, despiertan múltiples fantasías. También desatan alertas. Breitenstein avisó que «ni loco» será candidato y dejó circular que si lo presionan podría tomar una decisión drástica: abandonar el planeta K.
El conflicto con los chacareros aparece en la trilogía de campaña que digitó Kirchner. El ex presidente aventura que en el tramo final esas crisis no le producirá un daño grave. Además, en el micromundo de Olivos, le da una trascendencia quizá excesiva a la nueva ley de medios.
Como una cruzada mística machaca con el capítulo por televisión abierta. Es letra para el conurbano profundo, el mismo que padece la inseguridad, donde crece De Narváez y donde Alfonsín sigue siendo el de la «híper» de los 80 y el de la Alianza de De la Rúa de los 90.

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