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Kirchner, en el limbo legal y con única táctica: Scioli

Una paradoja: la crisis presupuestaria, con su impacto en la escasez de personal en Tribunales, será un búmeran contra el ex presidente. El juzgado de Manuel Blanco no llegó a cargar los casi dos millones de cambios de domicilio anotados hasta el 30 de diciembre.
En ese paquete, juran en Casa Rosada, está incluida la novedad -según la jerga administrativa y judicial- del patagónico. Otra cuota de suspenso: los padrones definitivos se publicarán el 29 de mayo, 20 días después de la inscripción de candidatos.
Es decir: si esa información, tal como avisó la Justicia santacruceña, no se dará a conocer antes Kirchner quedará en un limbo legal. Aparecerá en el padrón de Santa Cruz -como votante en la EGB 70 de Río Gallegos-, pero será candidato en Buenos Aires.
Para algunos, un trauma; para la mayoría, un detalle. «Somos peronistas: vale todo», dijo anoche, brutal, un soldado de Kirchner y se quejó porque la candidatura de Daniel Scioli detonó críticas que no había generado, antes, la postulación de Gabriela Michetti.
El caso Michetti fue, en el universo K, tema de conversación. Kirchner se jactó de haber empujado a Mauricio Macri a un dilema: bajar a Michetti a riesgo de perder la elección ante Elisa Carrió o hacerla jugar, sin renunciar, y pagar los eventuales costos.
Ardiente, con saña, el patagónico disfruta las tensiones entre Macri y los bonaerenses De Narváez y Felipe Solá. De los tres, por lejos, a quien más detesta es al ex gobernador, pero no se priva, en Olivos, de deslizar bromas de mal gusto sobre el empresario.
«Felipe quiere aprovechar para sacar a Macri de la carrera de 2011», especula en Olivos deseoso de una ruptura improbable entre los socios de la Triple Alianza. Pero no todo es política: Kirchner se entromete, mordaz y burdo, en la vida de los otros.
¿Y si Macri baja o hace renunciar como vicejefa a Michetti, Kirchner rehusará recurrir a Scioli como candidato testigo? No. Sólo si Kirchner se despega más de 15 puntos de Francisco de Narváez, el gobernador no iría en la lista y lo haría su hermano, José.
Intendentes
Scioli es por estos días sujeto y objeto de la única táctica del patagónico. Es más: en el tramo último, sólo pedirá a un puñado reducido de intendentes que sean candidatos. Dos casos: Mario Ishii, de José C. Paz y Francisco «Barba» Gutiérrez de Quilmes.
Otros podrán aportar su apellido sin figurar ellos. Como Juan José Mussi, en Berazategui -iría su hijo Patricio, como en 2005-, y Jesús Cariglino, en Malvinas Argentinas, que recurriría a su hermano Roque. El grueso, en cambio, quedará exento de figurar.
Este jueves, en La Plata, el jefe de PJ, Alberto Balestrini, será en encargado de trasmitir esa novedad. No dirá, sin embargo, que con preciosismo japonés, Kirchner anotó quiénes -y, sobre todo, el modo- deslizaron en público alguna objeción a su plan de «todos candidatos».
Extremo, sin grises, el patagónico vive sumergido en su mundo binario donde sólo hay leales o enemigos. No atiene, siquiera, un argumento que expone Balestrini respecto de que con Scioli en la lista alcanza y que no es necesario «inmolar» a los intendentes.
Memorioso, Balestrini invoca la experiencia de Eduardo Duhalde en 1997 cuando impuso a su esposa, Chiche Duhalde, como candidata contra Graciela Fernández Meijide y, ante la ola imparable de la Alianza, los caciques se preocuparon por salvar sus territorios.
Kirchner conoce ese episodio y mira, además, el 95. El patagónico sospecha que las encuestas no detectan el voto vergonzante -lo atribuye a la hostilidad mediática- y que, el 28 de junio por la noche, el triunfo K será más abultado que lo que rezan los pronósticos.
Toda una curiosidad: fue lo que ocurrió con Carlos Menem, espejo donde, pirueta de la historia, Kirchner quiere reflejarse para imaginar un futuro que se estire más allá del 28-J.

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