9 de abril 2010 - 00:00

Kirchner junta PJ con CGT y ensaya perfil internacional

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
«Esto es para los que decían que yo volvía al partido para dormirlo».

En una noche atípica, perturbada por el episodio de salud de Alberto Balestrini, Néstor Kirchner apenas se permitió un espadeo: destinado a un rival brumoso, exaltó que el peronismo tendrá, computada la del miércoles en La Plata, tres cumbres en poco más de veinte días.

El 27 de abril -efemérica que recuerda cuando el patagónico quedó segundo en la primera vuelta de 2003- llevará a la cúpula del PJ a la CGT y unas horas después, el 1 de mayo, encabezará un show en Paraná, Entre Ríos, en coincidencia con el Día del Trabajador.

A la empatía entre los Kirchner y Hugo Moyano le faltaba lo que el patagónico le dará al camionero -segundo de Balestrini en el PJ bonaerense- en dos semanas: la cúpula del PJ desfilará por Azopardo 802. El último en hacer un gesto similar fue Adolfo Rodríguez Saá, durante su breve paso por Casa Rosada en 2001.

La frecuencia, parece, es una virtud que Kirchner descubrió con delay: de 2003 a 2008 mantuvo al PJ en un limbo legal, intervenido por María Servini de Cubría, lo reactivó sólo para ser proclamado jefe y luego lo sumergió en otro sopor, si se quiere orgánico.

Entre mayo de 2008, cuando tomó el mando, y el 29 de junio de 2009, cuando renunció a ese cargo, el patagónico convocó tres citas partidarias, todas motorizadas como trinchera por la disputa con el campo y para vocear palabras de respaldo al Gobierno.

Es más: abortó, con telefonazos desde Olivos, un encuentro que Daniel Scioli trató de montar con otros gobernadores para designar una Comisión de Acción Política para administrar, de manera colegiada, el partido ante la dimisión televisiva de Kirchner.

A nadie, en rigor, sorprendió la parsimonia que el patagónico imprimió al PJ. Alguna vez, Hugo Curto, con su descarnada diplomacia de Atila, lo simplificó en una sobremesa. «Si nunca hizo reuniones de gabinete, ¿alguien se cree que va a reunir al partido?».

Como si, gracias a la eficiencia de soplones y cortesanos, conociera aquella frase, Kirchner se entregó anteanoche a una desmesurada promesa de darle ritmo y presencia al partido para «marcar la agenda política». Por eso, la secuencia de las citas en agenda.

Habrá, juramentó, nuevas fechas en esa gira. Villa María,

en Córdoba y Río Gallegos, en Santa Cruz, serán destinos posteriores a la visita a la CGT y a Entre Ríos. El argumento del federalismo le sirve como excusa perfecta para evitar la sede de la calle Matheu 130.

«Acá me ahogo», confesó la última vez que pasó en las oficinas del PJ nacional -ya como jefe y no como el consejero que era en los tiempos en que en el partido reinaba Carlos Menem- que, ahora, también comparte el PJ porteño. Anteanoche, en La Plata, repitió la negativa.

-¿Por qué en vez de ir a la CGT invitamos a los consejeros y a los compañeros del movimiento obrero que vengan a la sede del partido? -sugirió Víctor Santamaría.

-Los gobernadores me piden que sea en las casas de las provincias y a mí me parece bien -clausuró el asunto Kirchner.

Atento, Juan Manuel Urtubey entrevió la oportunidad para proponer que la Comisión Especial de Análisis de la Coparticipación Federal, que preside Kirchner, funcione en la Casa de Salta en la Capital. Logró el ok, y el 27 de abril, el cuerpo creado anteanoche sesionará por primera vez.

Y lejos de Matheu 130.

Perfiles

El inédito cumbrismo de

Kirchner no fue el único dato curioso para quienes estuvieron, el miércoles, en la residencia de Daniel Scioli en La Plata. Luego del informe del gobernador sobre el estado de salud de Balestrini, llegó el patagónico y relevó un perfil inusual.

Intrigados, gobernadores -estaban Urtubey, Jorge Capita-nich, Luis Beder Herrera, Oscar Jorge y, entre otros, Celso Jaque-, legisladores -Rubén Marín, Carlos Kunkel, Juan Carlos Dante Gullo, José María Díaz Bancalari, Jorge Landau-, sindicalistas -Hugo Moyano, Julio Piumato, Jorge Viviani, Andrés Rodríguez- y demás habitantes del planeta K -Florencio Randazzo, José Ottavis, Juan Irrazábal, Julio Pereyra- se toparon con un Kirchner comentarista de la situación internacional.

«La crisis de Grecia -arrancó el ex presidente- es porque escondió el déficit y afecta el euro, que está bajando mientras el dólar se recupera porque hay señales de una recuperación muy fuerte en la economía de Estados Unidos». Citó, también, la situación de Portugal y habló de España.

Acostumbrados a ver a un Kirchner apasionado por los asuntos domésticos y si no ignorante, como mínimo desinteresado en los asuntos vinculados a política internacional

-siempre se le reprochó, como a George W. Bush, que su política exterior era pensada para el mercado local-, los consejeros fueron protagonistas de ese giro revelador.

Hizo, además, un paneo por Latinoamérica. «Lo de Pepe Mujica viene muy bien», informó y le dedicó un párrafo especial al caso Brasil, que a fin de ese año elige presidente. «Ojalá que Dilma Rousseff pueda continuar con lo que inició Lula», dijo sobre el duelo entre la candidata del PT y delfín de Lula, y el socialdemócrata José Serra.

En un aparte, hubo un comentario para entendidos: se sugirió que Alberto Camarasa, alfil argentino en el Banco Mundial, podría abandonar ese sillón tras conocerse el fallo de La Haya sobre Botnia, compañía que tuvo financiamiento de ese organismo.

Son los síntomas de un síndrome similar al que atacó a Eduardo Duhalde antes de ser nombrado en el Mercosur. A Kirchner le ocurre a días de su inminente proclamación al frente de la Unión de Nación del Suramérica (UNASUR), prevista para el 4 de mayo en Buenos Aires.

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