8 de noviembre 2011 - 00:00

Kreckler, embajador en Brasil (pican las balas en gabinete)

Luis Kreckler se enteró de que sería el reemplazante de Juan Pablo Lohlé en la embajada en Brasil el viernes pasado, cuando Cristina de Kirchner le hizo vencer las rígidas vallas de seguridad para presentárselo (por si hiciera falta, que no hacía) a Dilma Rousseff: «Te presento a quien va a ser mi embajador en Brasil». Esa designación, que ayer formalizó Brasilia al anunciar que daba el plácet diplomático al hasta ahora secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales, conmovió al gabinete y no sólo a la Cancillería.

La migración del principal adversario interno que tenía Héctor Timerman para su continuación en el gabinete nacional se hizo cumpliendo una de las leyes Kirchner para ese ministerio: exaltar a un profesional de la casa, distinguirlo con gestos y preseas, habilitarlo para que se muestren como los válidos de la Casa de Gobierno para después, en el momento de decisión, expulsarlos a las tinieblas exteriores.

Antes de Kreckler, a quien todas las especulaciones anotaban como reemplazante de Timerman en el gabinete, les pasó lo mismo a Victorio Tachetti y a Alfredo Chiaradía. Los dos corrieron un tiempo como los predilectos de la Presidente para después saltar disparados: uno está en la Embajada de Alemania, el otro en Estados Unidos. El mismo destino corre ahora Kreckler, un profesional que se desempeñó desde los años 90 en distintos puestos, principalmente en la representación de Panamá -administración Menem- y en el consulado en Los Angeles -entre Menem y Kirchner, desde 1998 a 2005.

Es injusto colgarles a los diplomáticos el pasivo de los puestos desempeñados o de los gobiernos es su trabajo, como el de los abogados defender sin mirar a quién. Pero la variedad de gobiernos a los que Kreckler representó lo dotó del blindaje de los hombres fuertes de la casa, algo así como «yo puedo con todos». Pulcro en su desempeño profesional, su gravitación hacia arriba en la administración Kirchner parecía tener un solo tope: las peleas que enfrentó -sordas, como candidato eterno a reemplazar a su canciller en todas las fabricaciones periodísticas- y la prueba de confianza de la Presidente para el cargo más alto de su carrera. A lo mejor su desempeño en Brasil le sirve como prueba última para lo que ahora se le niega.

Anoche juraban que no habrá más desig-naciones de nuevos embajadores hasta el 10 de diciembre y que la de Kreckler la hizo la Presidente con el objeto de destacar la de-signación como un premio al diplomático al darle un destino principal. Las entrelíneas del anuncio indican que pican las balas en el gabinete a medida que se acerca el recambio de diciembre, y que la noticia indica clarito toda una metodología para que se enteren todos.

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