22 de febrero 2010 - 00:00

Kusturica repitió su ritual festivo

Aunque musicalmente nunca deje nada para el recuerdo, Emir Kusturica, al frente de The No Smoking Orchestra, volvió a alegrar y hacer bailar sin descanso a un Luna Park desbordante de fanáticos.
Aunque musicalmente nunca deje nada para el recuerdo, Emir Kusturica, al frente de The No Smoking Orchestra, volvió a alegrar y hacer bailar sin descanso a un Luna Park desbordante de fanáticos.
Sería una verdad a medias considerar músico al cineasta serbio Emir Kusturica. Es que su papel al frente de la No Smoking Orchestra es, para ser estrictos, el de prestador de nombre y organizador marketinero de un grupo de músicos -ellos sí-, varios de ellos bastante grandecitos, que juegan sobre el escenario como si se tratara de una pandilla de adolescentes desbordados. Si en algún momento la música de sus películas -composición, arreglos y dirección de su compatriota Goran Bregovic- se hizo popular, ahora el cineasta se divierte tocando con un combo de amigos tan dicharacheros como él, aprovechándose de su nombre y de la herencia sonora de su ex musicalizador.

Ya desde su primera visita a nuestro país en su carácter de guitarrista y «director» -cuando vino para tocar en La Trastienda y multiplicó varias veces la cantidad de shows originalmente programada-, Kusturica tuvo una tremenda aceptación por aquí. Y este Luna Park repleto (cerca de 6000 personas según los organizadores) dio nueva cuenta de esta vigencia.

El ambiente previo es el de concierto de rock: cacheo a la entrada, amontonamientos, una platea convertida en «campo» con la gente de pie, etcétera. Eso, sin embargo, para un público «informado» que está muy lejos de las variantes más duras del rock and roll y que tiene más cercanía con los festivales de cine exótico y con las movidas culturales a la moda.

Con ese marco, un calor en el estadio que se hizo sentir pese al aire acondicionado -escaso-, una multitud fervorosa tan entusiasmada por divertirse como los serbios, transcurrió un concierto que dejó alegría, pulso vertiginoso, reiteración sonora, intensidad alta. Y casi nada más.

El folklore balcánico es la base de lo que tocan. A eso le agregan pizcas de ska y de marcaciones rockeras que algunos asocian, algo forzadamente, al punk. Si de música se trata, Kusturica ocupa un claro tercer plano detrás del líder cantante y maestro de ceremonias Nenad Jankovic (alias «Dr. Nelle») y de otros compañeros, como el violinista Dejan Sparavalo, el acordeonista Zoran Milosevic, el saxofonista Nenad Petrovic o el guitarrista Ivan Maksimovic. Hubo canciones conocidas como «Gato negro, gato blanco», «Underground», «Unza unza time», etc; citas de temas de Pink Floyd («Shine on your Crazy Diamond»), Deep Purple («Smoke on the Water»), o Henry Mancini («Pink Panter»). Se vio gestualidad rockera un poco démodé en Dr. Nelle arrojándose en palomita hacia el «pogo» o arengando con alusiones sexuales a la masa (ni siquiera faltaron las chicas del público, algo desprejuiciadas, subidas al escenario).

En síntesis: fiesta, pero poco para el recuerdo. Luna Park lleno para un ambiente que se pareció, como otras veces, al de esos encuentros con un grupo de amigotes que han bebido más de lo aconsejable.

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