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La AFA apostó a ganador
Gianni Infantino es un suizo hijo de inmigrantes calabreses de gran relación con Latinoamérica. Viajará a Montevideo para ver Uruguay-Chile por las Eliminatorias y quizás pase por la Argentina.
El flamante líder del fútbol mundial llega a una FIFA mirada con lupa, no sólo por la Justicia norteamericana, que tiene ya varios detenidos por corrupción. También por la propia Comisión de Ética formada por Josepp Blatter para limpiar su imagen y que terminó cargándose al suizo y a Michel Platini, a quienes suspendió por ocho años y luego les bajó la condena a seis, por unos honorarios que cobraba el francés por "asesorar" al presidente que no pudieron ser justificados. Infantino tiene que ser muy cuidadoso de sus movimientos y recuperar la credibilidad principalmente de sus auspiciantes.
La entidad rectora del fútbol dio un vuelco con el ingreso de Joao Havelange en 1974, reemplazando al conservador inglés Stanley Rous, porque a partir de allí empezó la revolución de los sponsors, primero con Adidas y Coca Cola y después con los que se fueron sumando hasta llegar a más de una veintena de empresas multinacionales. El negocio se perfeccionó con las transmisiones de televisión a todo el mundo, que empezó a finales de los 60 pero que fue auge en los 70.
Se crearon campeonatos juveniles, femeninos y de fútbol sala (robado a una federación que ya existía y que fue presidida por el propio Havelange) para alimentar el negocio. El brasileño decía siempre "yo vendo un producto que se llama fútbol" y enterró definitivamente al juego para reemplazarlo por el negocio. Un negocio de la pasión de la gente por un deporte-juego que es el más lindo del mundo.
Allí apareció Julio Grondona como el socio ideal de Havelange y maestro del suizo Josepp Blatter, que lo reemplazó. El caudillo de Sarandí llegó a ser vicepresidente primero de la FIFA y no quiso ser presidente porque no hablaba idiomas y entonces "los presidentes iban a ser los traductores, que me iban a contar lo que quisieran". Hubo una crisis en el 2001, cuando implotó la empresa suiza ISL, que manejaba todo el marketing (y que seguramente repartía convenientemente las coimas) y allí crearon su propia oficina de marketing para manejar ellos mismos "el negocio". Pero cometieron un error estratégico de política internacional y lo pagaron muy caro. Les dieron el Mundial del 2018 a Rusia y el del 2022 a Qatar, a pesar que tenían "todo arreglado" para que Inglaterra y Estados Unidos se encargaran de los dos próximos campeonatos. Eso hizo ganarse el odio de gente muy poderosa que no los perdonó y la justicia norteamericana empezó a investigar un lavado de dinero que venía pasando por sus bancos hacía no menos de 40 años.
En ese panorama se murió Julio Grondona y la Argentina quedó "aislada del Mundo FIFA". El uruguayo Eugenio Figueredo se quiso quedar con todo y terminó preso en Estados Unidos. En el desbande general se dieron cuenta que en Sudamérica los empresarios televisivos pagaban coimas para quedarse con los derechos de las Copas Américas, de la Copa de Oro de la Concacaf y hasta del Mundial. Alejandro Burzaco, el poderoso CEO de Torneos está con prisión domiciliaria en Estados Unidos y Hugo y Mariano Jinkis esperan su extradición en Buenos Aires. Si alguien pagaba coimas, es que algunos la cobraban y por eso también cayeron como sospechosos José Luis Meiszner y Eduardo Deluca, los dos argentinos que fueron secretarios generales de la Conmebol. En esa crisis, a la AFA le convino estar aislada porque ninguno de sus dirigentes actuales están sospechados de esas maniobras y por eso el mandamás del fútbol argentino, Luis Segura, fue elegido para el Comité Ejecutivo de la FIFA y seguramente será vicepresidente por Sudamérica. El haber jugado a ganador les permitirá "cobrar beneficios por ventanilla".


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