26 de julio 2011 - 00:00

La apuesta a Europa es por más Europa

Europa dobló la apuesta. No les hizo asco a las medidas duras y enterró sus prevenciones. Sometida a presión extrema, ratificó su voluntad de preservar un destino común pese a los embates tenaces de la adversidad. La cumbre de Bruselas alumbró una estrategia que, por fin, traza un curso de acción alineado con las palabras. Europa aumentará su financiamiento a Grecia, mientras, a la par, se ocupará de reducir la carga de su deuda pública. Con ese propósito no dejó tabú en pie: redimirá la compra de deuda en los mercados secundarios (y transferirá el descuento a Atenas) y ensayará un default asistido de Grecia con sus acreedores privados bajo la sombrilla de un canje «voluntario». El país heleno es el foco nominal del plan, pero su verdadero eje es cortar de raíz el fenómeno del contagio. Encapsular Grecia es sólo la mitad de la estrategia, la decisión de fortalecer la red regional de seguridad es su complemento obligado. La conversión de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) -y de su heredero previsto, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE)- en una plataforma flexible de usos múltiples es la otra gran contribución de la cumbre.

La FEEF podrá recomprar deuda pública, capitalizar bancos y dar crédito para prevenir episodios de crisis (sin necesidad de que exista un programa previamente establecido de asistencia). El énfasis en la austeridad fiscal -la invocación al espíritu de Maastricht -y la aparente prescindencia del Banco Central Europeo (BCE) son las notas propias de la idiosincrasia europea que diferencian la nueva estrategia urdida en Bruselas de los caminos que, con mejor éxito, siguieron EE.UU. y otras economías avanzadas para tomar distancia de la crisis.

Misión

Se dice que Grecia es una situación única e irrepetible. No lo es, pero igual está bien dicho. La misión de la hora es separar la paja del trigo. Y mostrar que sus destinos corren por carriles separados. Para Grecia, exclusivamente, se propone una senda de reducción de su deuda pública que incluye una recompra de obligaciones (con un descuento estimado del 20%) y un default parcial «administrado». El BCE aceptó la cirugía porque se proyecta un impago de muy corto plazo y -en el intervalo- recibirá un refuerzo de garantías (unos 35.000 millones de euros) que permitirá que la deuda griega se siga utilizando como colateral de sus operaciones de asistencia. El paquete anunciado de 109.000 millones de euros incorpora también una partida de 20.000 millones de euros para recapitalizar al sistema financiero de Grecia (un gran deudor, como es obvio, del BCE). Los bancos -representados en la negociación por el Institute of International Finance (IIF)- se comprometieron a involucrar el 90% de sus tenencias en el canje y la recompra de obligaciones. La contribución privada a la reducción de la deuda soberana se estima en 36,1 mil millones de euros (12,6 mil millones por la recompra y 13,5 mil millones por el canje) en el período hasta 2014. En paralelo, Grecia se beneficiará del cambio de condiciones de la ayuda oficial que recibe de la Unión Europea. La FEEF extenderá los plazos de sus líneas de préstamos de un máximo actual de 7,5 años a un rango de entre 15 y 30 años con 10 de gracia. Las tasas de interés se reducirán al nivel de la línea de balanza de pagos (hoy, el 3,5%). El nuevo piso de los intereses que deberá pagar Grecia será el costo de financiamiento de la propia FEEF (en las antípodas de la postura alemana original que preconizaba las bondades de penalizar con una sobretasa).

Si bien se enfatiza que Grecia es un caso único, las mejores condiciones de tasa y plazos se endosaron también para Irlanda y Portugal. Los dos países, se sabe, tampoco tienen acceso a los mercados de capitales de largo plazo. Va de suyo especular que si la experiencia griega funciona, y los programas de Irlanda y Portugal no lo hacen, se les terminará suministrando la misma medicina. Cabe pensar que un primer paso lógico sería replicar la refinanciación con la deuda senior de los bancos privados irlandeses que hoy está bajo el ala de la garantía estatal. Irlanda lo pidió en su momento y Europa lo rechazó. Si la receta de Grecia se demuestra viable será difícil negarle a Dublin su oportunidad (recordar que allí el problema no fue la acumulación previa de grandes déficits fiscales sino la socialización de la deuda de los bancos). Con una economía competitiva y ágil, Irlanda bien podría ser el primer país capaz de regresar a los mercados de capitales.

Muro

Hay que separar la paja del trigo y como se dijo, Irlanda y Portugal ya no son trigo limpio. La red de seguridad que deberá pilotear la FEEF repotenciada es un muro cortafuego destinado a no permitir la contaminación ulterior de las mieses de España e Italia (y eventualmente Bélgica). Para ello podrá comprar deuda (lo que hizo tímidamente el BCE, pero discontinuó desde marzo) y asistir con préstamos a la prevención de crisis o el fortalecimiento del capital de los bancos. Se construye así un mecanismo de reacción temprana apto para responder a las turbulencias antes que cobren vuelo.

La iniciativa europea gatilla la pregunta del millón: ¿funcionará? La mejor respuesta es otra pregunta: ¿funcionó el plan TARP en los EE.UU.? ¿Y el relajamiento cuantitativo de la Fed? La FEEF es un clon del plan TARP. Su falencia obvia es que ahora que adquirió facultades plenas, no recibió una paralela inyección de recursos. No habrá problemas, por supuesto, si la recarga de munición ocurre en una instancia posterior.

Pero no servirá contar con un hospital de alta complejidad si se le retacea la penicilina. Si el BCE confirma su libertad de acción y no rectifica el curso de su actual política monetaria, la estrategia, por cierto, no será comparable a un relajamiento cuantitativo (QE) europeo. Con un BCE neutral, y un giro razonable de recursos, se diría que Europa decidió optar por un enfoque puramente crediticio (credit easing). Un esquema similar al que EE.UU. utilizó antes de Lehman Brothers. Se entiende que Grecia no será un Lehman II, pero tampoco será un salvataje para todos sus acreedores como lo fue Bear Stearns. Si el acomodamiento crediticio no alcanza, habrá que convencer al BCE de contribuir con la pieza que falta: el lubricante del aumento de la liquidez.

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