7 de febrero 2017 - 23:33

La Argentina, invitada a la feria madrileña ARCO (hoy en su ocaso)

Lo elevado del presupuesto oficial (que ronda los dos millones de euros), y el criterio curatorial de la delegación, que ciertos sectores de la actividad artística consideran parcial, son defendidos por el funcionario.

Avelluto. “Nuestra vocación es llamar la atención sobre las ideas preconcebidas que el mercado europeo y las instituciones tienen en relación con el arte argentino. Nuestro objetivo es provocar una mirada más atenta sobre nuestros artistas en todo el mundo”.
Avelluto. “Nuestra vocación es llamar la atención sobre las ideas preconcebidas que el mercado europeo y las instituciones tienen en relación con el arte argentino. Nuestro objetivo es provocar una mirada más atenta sobre nuestros artistas en todo el mundo”.
Apenas asumió, el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, recibió el anuncio de que la feria de arte madrileña ARCO -ya en su ocaso, después de 35 años- nombraba a la Argentina país invitado. Como el presupuesto de la participación oficial argentina, en estas épocas de recomendada austeridad, ronda los dos millones de euros, dialogamos con él:

Periodista: ¿Por qué una inversión millonaria en ARCO cuando la feria está en baja y nuestro país necesita reducir el gasto público?

Pablo Avelluto: Más allá de la valoración de la feria y las cuestiones del mercado, es importante presentar la escena contemporánea de la Argentina. A veces tenemos una suerte de obsesión por la nostalgia que hace que veamos que todo lo pasado fue mejor. Ya tuvimos a Borges, a Berni. Siempre hay una sensación según la cual deberíamos ir a buscar nuestra identidad al pasado. Teníamos la oportunidad de mostrar ese salón contemporáneo con su intensidad y diversidad en una plataforma importante, y aceptamos la propuesta. En términos de política cultural la decisión es conjunta con la Cancillería y la Agencia de Promoción de Inversiones; no creo que esté a contrapelo del cuidado de los recursos presupuestarios. Todo lo contrario. Además de la dimensión cultural, queremos profundizar la conversación sobre el arte argentino en términos de la valoración del mercado. Y esto se hace a través de estas estrategias.

P.: El Estado presentará la colección Costantini, pero el Malba no exhibe la colección de arte contemporáneo. En Buenos Aires no hay un lugar para ir a ver una colección más o menos completa de arte contemporáneo y los extranjeros acaban en la galería Ruth Benzacar.

P.A.: En Buenos Aires está por lo menos el Malba. Pero salir de Buenos Aires...

P.: El MACRO de Rosario fue el primer museo argentino de arte contemporáneo.

P.A.: Un caso interesante. Estuvimos allí y ahora en Mar del Plata con la muestra de los 200 años del Museo de Bellas Artes. Hay que sacar la colección a recorrer el país, hace mucho que no se hacía.

P.: ¿No cree que había temor? Las manos de Rodin que le robaron al exdirector de Bellas Artes, Jorge Glusberg, marcaron un antes y un después en los préstamos del Museo. Pero retomando el tema de ARCO, ¿no es parcial la selección que se envía? ¿Quiénes integraron el comité asesor?

P.A.: ARCO se reserva la decisión de elegir un equipo curatorial para convocar las galerías. A la curadora Inés Katzenstein le paga y la contrata ARCO. A Sonia Becce la contratamos nosotros para que proponga un programa paralelo a la feria con artistas contemporáneos en una veintena de puntos de Madrid. Todo proyecto curatorial y de selección de artistas, galerías y obras, implica disconformidades. Es legítimo, forma parte del debate crítico.

P.: Katzenstein y Becce dieron su gran paso en la carrera como curadoras de Kuitka y ambas están estrechamente relacionadas con la beca Kuitca, que se otorga en una universidad privada, la Di Tella. ¿No cree que los tres juntos favorecen a un mismo grupo?

P.A.: No. En ARCO veo la diversidad dentro de esta idea contemporánea que pedimos se trabajara, y es una mirada de la Argentina del presente que a mí me satisface. Por supuesto como todo trabajo...

P.: En la muestra del Thyssen hay una obra de Fontana, una de Kuitka, y de dos becarios de Kuitka.

P.A.: Es una muestra importante. Noventa artistas no es el arte argentino del mismo modo que 12 galerías no son el mercado argentino. Nuestra vocación es llamar la atención sobre las ideas preconcebidas que el mercado europeo y las instituciones tienen en relación al arte argentino. Nuestro objetivo es provocar una mirada más atenta sobre nuestros artistas en todo el mundo. No creo que se pueda impugnar a un curador porque trabaja con Kuitka. Si el curador es A o B la película que yo estoy viendo es: "Señores de Europa, ustedes que piensan en muchos casos que la Argentina en términos de sus tradiciones culturales está anclada en el pasado y la nostalgia, en aquello que fue y que no pudo ser, miren lo que está pasando ahora". Como toda selección es polémica, arbitraria, subjetiva. Pero mi objetivo en términos de política cultural va más allá de ARCO. ¿Puede el Estado garantizar que el arte argentino valga más dinero? No. Pero puede darle un empujón para que las obras sean conocidas en Europa, en EE.UU., para que circulen en este tipo de ferias.

P.: Con la ayuda financiera del Estado para promover el arte argentino, se vendía arte uruguayo en una feria. Y estas cuestiones ocurren por la falta de diálogo franco con los artistas.

P.A.: Sí, puedo entender esa crítica. Vamos a seguir trabajando con los artistas, curadores, galeristas. La voluntad está, y el que hoy se siente mal porque no fue en ésta, irá en otra. No estamos enamorados de un sector.

P.: ¿Le pagaron a Eduardo Costantini el traslado de sus obras?

P.A.: No. Negociamos con Aerolíneas Argentinas la bodega.

P.: Pero Aerolíneas es de nuestro país.

P.A.: Dicho así suena que el Gobierno subsidia a un millonario. No, no es así. Nosotros vemos que en la Argentina hay un coleccionista importante en el nivel internacional. Ayudamos a nuestro país, no a un coleccionista.

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