21 de julio 2009 - 01:09

La batuta y la paz: vuelve Zubin Mehta con la Filarmónica israelí

Zubin Mehta, que vuelve al país después de cuatro años, celebra actualmente las cuatro décadas al frente de la Orquesta Filarmónica de Israel.
Zubin Mehta, que vuelve al país después de cuatro años, celebra actualmente las cuatro décadas al frente de la Orquesta Filarmónica de Israel.
La vasta carrera de Zubin Mehta --similar en muchos sentidos a la de Daniel Barenboim-- aunó habitualmente arte y política, aunque en un sentido único, la música como simbolización de la paz. Hacía cuatro años que el maestro Mehta no visitaba la Argentina, pero lo volverá a hacer en agosto junto con la Orquesta Filarmónica de Israel en conciertos que tendrán lugar en Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Sus actuaciones, como es habitual, persiguen fines benéficos: en este caso, se recaudarán fondos para la Fundación LeDor VaDor, la Fundación Tzedaká, Osfa-Wizo Argentina y Coas.

«Mi vínculo con la Filarmónica de Israel es largo», dijo Mehta en una reciente rueda de prensa en Bangkok. «Compartimos además el mismo año de nacimiento y este año estoy celebrando los 40 años a su frente. Fui nombrado su director musical en 1969 y en 1981 me concedieron ese título de manera vitalicia.» Nacido en la India en 1936 en una familia de músicos, su padre Mehli Mehta fue el fundador y director de la Orquesta Sinfónica de Bombay,

Zubin Mehta se formó en Viena, y su carrera comenzó en 1961 cuando condujo, en Londres y Berlín, las orquestas filarmónicas de sendas ciudades. Más tarde fue director musical de la Sinfónica de Montreal, de las Filarmónicas de Los Angeles y Nueva York y del Maggio Musicale Fiorentino, entre otras formaciones orquestales.

«No hay una sola región en este mundo donde la paz no esté en riesgo», dijo en aquella oportunidad. «Quizá, con excepción de Australia, de donde acabo de regresar y donde ese peligro al menos no es perceptible, creo que en este nuevo siglo los riesgos se han incrementado. Y no me refiero sólo a Medio Oriente, ni a mi propio país, la India. Hablo también de Europa, donde tras dos guerras mundiales y el establecimiento de una sociedad de aparente bienestar, la preocupación ha regresado con fuerza acerca de las amenazas externas».

Con respecto al papel que juega la música en ese mundo, Mehta declaró: «Como artistas, allí donde toquemos la música ayuda, contribuye. Nuestros conciertos aglutinan a la gente. La música siempre tuvo un efecto beneficioso, y no me refiero sólo a la clásica. Los recitales de rock producen alegría, euforia».

Sobre sus gustos musicales más allá de lo clásico, Mehta señaló: «Me gusta el folklore de mi país, al igual que la música jazz y folk africana. No soy demasiado adicto al rock aunque me gusta el rap. El rap es realmente muy interesante, especialmente la forma en que se originó en los ghettos pobres de los Estados Unidos. Es una música que nació por el sufrimiento humano, lo más parecido a los graffiti pintados sobre las paredes de las grandes ciudades».

Los programas que el maestro Mehta interpretará en esta nueva gira por la Argentina con la Filarmónica de Israel incluyen, ya sin controversias, dos obras del alemán Richard Strauss, que más de veinte años atrás, junto con Richard Wagner, eran nombres tabú en Israel, dado que su música se juzgaba por muchos sectores de la sociedad israelí inseparable del nazismo. En el primer caso, por la silenciosa colaboración que tuvo Strauss con el Tercer Reich en un momento de su carrera, y en el segundo por el hecho de que Wagner fue elevado por el nazismo a la categoría de héroe alemán. Sin embargo, tanto Mehta como Barenboim y otros artistas y pensadores actuales lucharon siempre por separar los valores propios de esa música de los fines para las que en algún momento fue empleada.

A principios de los '80, Mehta intentó incluir en un bis de un concierto con la Filarmónica de Israel la obertura de «Tristán e Isolda», pero no pudo hacerlo. En aquel momento declaró: «en Israel no hay ninguna ley del Gobierno que impida tocar a Wagner pero se trata de respetar a estas personas y de no insultar su memoria, ya que obras de este compositor se escuchaban en los campos de exterminio. Mientras exista esa oposición yo lo voy a respetar, aunque francamente no entiendo que alguna gente tenga Mercedes Benz pero se nieguen a escuchar a Wagner».

Con el paso de los años, más de una polémica, y la muerte de los sobrevivientes del Holocausto, esas oposiciones se fueron borrando. Shlomo Mintz, el celebrado violinista israelí que actualmente también visita la Argentina, expresó a ese respecto; «Durante años toqué la Sonata para violín de Richard Strauss. Jamás tuve ninguna duda sobre su valor musical y en escenarios internacionales ni siquiera llegué a pensar en los vínculos que tuvo Strauss con el nazismo. Sin embargo, siento que ni Strauss ni Wagner deberían ser tocados en Israel mientras la generación que vivió la Segunda Guerra y lo que para ella significó esa música siga viva.»

Las presentaciones del maestro Mehta con la Filarmónica de Israel tendrán lugar el 19 y 20 de agosto (Gran Rex) y el 23 en el Luna Park. El 24 se presentará en el Salón Metropolitano del shopping Alto Rosario, y el 25 en el Orfeo de Córdoba. Los programas son tres: «Don Juan» y «Till Eulenspiegel», de Richard Strauss, y «Sinfonía Nº 7» de Ludwig van Beethoven (miércoles 19 en el Gran Rex y lunes 24 en Rosario); «Sinfonía Nº 9» de Gustav Mahler (jueves 20 en el Gran Rex) y obertura de «La Zapatera Prodigiosa», de Juan José Castro, Sinfonía Nº 6 de Ludwig van Beethoven, obertura de «El murciélago» y «Vals del emperador» de Johann Strauss, y «Concierto para Trompeta y Orquesta en Mi Bemol Mayor» de Joseph Haydn, «Adiós Nonino», de Astor Piazzolla (domingo 23 en el Luna Park).

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