20 de febrero 2014 - 00:00

La desinflación, el fantasma global

La inflación mundial faltó a la cita. Las políticas monetarias del G-7 trabajan a pleno, y ya van seis años desde que se estrenó el estímulo no convencional. O doce, si se repara en Japón, el auténtico pionero. En EE.UU. la expansión cuantitativa, una masiva compra de bonos financiada con emisión de base, transita la tercera edición, el QE3, que recién se apagará hacia fin de año (manteniendo, en principio, las tasas cortas en cero hasta bien entrado 2015). Los activos de la Fed, desde que colapsó Lehman Brothers en 2008, se multiplicaron por cuatro: no alcanzaban el billón de dólares entonces y superan los 4 billones hoy, y con los "rebajes" del "tapering", frenarán recién en el entorno de los 4,5 billones. La gran inflación, sin embargo, no apareció nunca.

Mientras se espera a Godot, conviene reparar en la advertencia de Christine Lagarde, titular del FMI, de no descuidar la vigilancia de los riesgos de deflación, formulada tras elevar las proyecciones 2014 del crecimiento global. El nombre del juego, todos estos años, a decir verdad, no ha sido ni el desborde de la inflación ni la caída generalizada de precios, sino una inflación baja y ahora declinante; un proceso de desinflación que se tornó pertinaz. Y que, a nuestro juicio, amenaza acentuarse. Arriar los estímulos monetarios, en su presencia, sería un error. Y subsanarlo luego obligaría a reponerlos con creces.

La inflación minorista en EE.UU., reconoció Janet Yellen en su primera visita al Congreso como presidenta de la Fed, orilla el 1%. O sea, la mitad del objetivo de estabilidad de precios que debe satisfacer la institución. El fenómeno debería probarse temporario, dijo Yellen (y antes, su predecesor, Ben Bernanke). La Fed confía en que se regresará al umbral del 2%. Pero el problema se arrastra desde 2012 (y en los últimos cinco años, sólo se pudo cumplir la meta en 2011).

La Fed no da en el blanco. El BCE, el campeón del celo antiinflacionario, tampoco. La última lectura de la eurozona -0,7%- dista de su objetivo de una inflación "cercana" al 2%. El Banco de Japón, a pesar de las Abenomics, apenas si pudo zafar de la deflación, pero no se arrima a la meta del 2%. Los precios absolutos son inferiores aún a los de 1998. Visto así el enfoque de metas de inflación está en crisis, sólo que por defecto y no por exceso de inflación. Los incumplidores -entre ellos, Canadá, Suecia, Noruega, Suiza y Corea del Sur- conforman un listado geográficamente bien diversificado. Todos, como la Fed, suponen que se trata de un episodio temporario reversible. Aunque el Banco de Canadá apuntó, a fin de 2013, que ya llevaba 20 meses sin nivelarse.

Gran Bretaña, ayer, con un registro de inflación del 1,9% en enero, es la última adición al club. Su itinerario es el más informativo. El Banco de Inglaterra, un adepto a la expansión cuantitativa más fogoso aun que la Fed (si se mide su intervención en relación con el tamaño de su sistema), fue la excepción a la regla. Allí la inflación superó constantemente, a lo largo de cuatro años, a su target del 2%. Recién en diciembre se emparejó. Su repliegue es el más pronunciado: desciende sostenidamente desde una cima del 5,2% en septiembre de 2011.

La desinflación es un hecho confirmado en las economías avanzadas: desde 2012, la tasa de inflación descendió un punto y medio. Es importante que los inversores de renta fija lo tengan presente. Si la novedad es que los emergentes deben frenar en seco -y ajustar el gasto interno para capear el shock de una salida de capitales- su influjo se hará más punzante. Lejos de respetar el visado transitorio de los bancos centrales, se acomodará para una estadía permanente. Es un gran tema para la próxima reunión del G-20 este fin de semana. Y para restablecer la cooperación monetaria internacional, rota por los manejos unilaterales del "tapering", según Raghuram Rajan, titular del Banco Central de la India, y execonomista jefe del FMI.

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