17 de diciembre 2012 - 00:00

La despedida bajo la lluvia a Olga Zubarry

Olga Zubarry, actriz fundamental en la historia del cine argentino, murió el sábado a los 82 años.
Olga Zubarry, actriz fundamental en la historia del cine argentino, murió el sábado a los 82 años.
Como evocando un clásico suyo, «La muerte camina en la lluvia», fueron despedidos ayer en Chacarita los restos de Olga Zubarry. Una larga enfermedad la acompañaba desde hace tiempo, se agravó tras la muerte de su esposo en setiembre de 2007, y la mantuvo internada desde las primeras horas de su 82° cumpleaños, el 30 de octubre último. No merecía tanto sufrimiento.

Nacida en Parque Patricios como Olga Adela Zubarriain (por eso la llamaban «la Vasca»), intérprete de 63 películas y numerosos programas radiales y televisivos, célebre por sus papeles tremendamente fuertes, Zubarry nunca estudió arte dramático. Lo suyo fue casualidad y capacidad natural.

Todavía era niña y su hermana María estaba casada con el actor Juan Carlos Thorry (la primera de siete esposas). «Le pedí conocer un set de filmación, y me llevó al rodaje de la comedia 16 años, dirigida por Carlos Hugo Christensen en los estudios Lumiton». Resultado: le hicieron reemplazar a una partiquina faltante, dijo dos líneas, y la contrataron. Así apareció luego en «Safo», «La pequeña señora de Pérez» (con Mirtha Legrand enamorada de su profesor), «Las seis suegras de Barba Azul», «Adán y la serpiente», todas de Christensen, y «No salgas esta noche».

A comienzos de 1946 se editó en castellano «La señorita Elsa», del entonces escabroso Arthur Schnitzler. Rápida, la Lumiton ya tenía los derechos y en marcha una adaptación de Christensen y César Tiempo. Para mayor atracción, se filmaron escenas en Rio de Janeiro, y la rebautizaron «El ángel desnudo». La pequeña Olga era la protagonista, un personaje obligado a soportar la lascivia de un escultor para salvar a su padre de la bancarrota. En el cine mudo hubo un desnudo lejano. Pero en este caso se la ve en plano medio, de espalda descubierta mientras el fauno la mira de frente y avanza sobre ella, que se termina suicidando. Una escena muy fuerte, que hizo época. Pequeño detalle: Olga cumplió los 16 recién 15 días antes del estreno.

La siguiente de Christensen, Tiempo y Zubarry fue «Los pulpos», sobre novela de Marcelo Peyret, donde, al revés, un hombre termina destruido por una jovencita perversa aparentemente ingenua. Sucesivos golpes de timón la reconvirtieron en chica de su casa, buena amiga, estudiante idealista, tramposa, cabaretera, madre preocupada, hermanita disparatada, persona alegre y dinámica, víctima del destino, simuladora, en fin, a lo largo de 65 años de carrera, fue una de las actrices más dúctiles de nuestra escena.

«Yo no elegí mi vida», «Abuso de confianza», «El extraño caso del hombre y la bestia», «El honorable inquilino», «Ellos nos hicieron así», «El vampiro negro», «Concierto para una lágrima», «De noche también se duerme», «Los dioses ajenos», «El candidato», «Las furias», «A hierro muere», «Asalto a la ciudad», «Invasión», «El hombre del año», la remake de «Los chicos crecen», «Mi mujer no es mi señora», «Contar hasta diez», son sólo algunas de sus películas más comentadas. Ella amaba especialmente sus personajes de chica fea enamorada de un joven lindo y ciego en «Marianela», y mujer de soldados, leal seguidora de un camionero durante la Guerra del Chaco en «Hijo de hombre».

En teatro no hizo casi nada. Nena que sale de la túnica de un mago en el Avenida, con solo tres años, y la comedia musical «Madame 13» a los 15, que fue éxito del Maipo y el Astral. La radio, en cambio, aprovechó durante años su voz cálida, de timbre particular, sobre todo en el «Radio-Cine Lux» de Armando Discépolo, que iba los sábados de noche. A la televisión recién se animó en 1971, con «Un hombre extraño», telefilm de Ibáñez Menta, y el programa de María Herminia Avellaneda «La comedia del domingo», al que siguieron «Alta comedia» (que emitía dramas mayores), «Hombres en pugna», series varias, y en especial «Nosotros y los miedos», «Situación límite», «De fulanas y menganas», «El sillón de Rivadavia», y «Atreverse», ciclos que además fueron de enorme trascendencia social.

En 1992 se fue de la TV con «El precio del poder». Y en 1997 hizo su última película, «Plaza de almas», que le permitió ganar su último Cóndor de Plata. Ya para entonces tenía además cinco premios a la trayectoria (empezando por la Cámara Pathé del Museo del Cine) y había nacido el primero de sus tres nietos.

Ella estaba casada desde 1961 con Juan Carlos Garate, productor y directivo de Argentina Sono Film, y tenía dos hijas: Mariana, residente en EE.UU., y Valeria. Además, desde 1983 amadrinaba activamente «Mis alumnos más amigos», MAMA, entidad de ayuda a chicos de la calle que llegó a tener dos hogares en Villa Ballester y cuatro panificadoras atendidas por los chicos, uno de los cuales hoy es doctor en Ciencias Económicas. También integró la dirección de la Casa del Niño de la Fundación Elena B. de DAnna, y amadrinó una sala de espectáculos en Lincoln, pueblo de uno de sus yernos, entre otras acciones benéficas. Una sala de cine lleva su nombre en San Jorge, provincia de Santa Fe. También debería llevarlo alguna butaca del Club Huracán, del que los Zubarriain fueron hinchas históricos.

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