17 de junio 2014 - 00:00

La difícil búsqueda del equilibrio

Alejandro Sabella tuvo la grandeza de reconocer que se equivocó en el planteo táctico ante Bosnia y pudo rectificar a tiempo por sobrevalorar al rival. Es que desde hace dos años, el periodismo deportivo, los técnicos, extécnicos y opinólogos en general le achacaban a la Selección argentina una flojedad defensiva que decían era producto de la falta de jugadores con vocación de marca del medio para adelante. Esos mismos opinólogos reconocían el potencial ofensivo del equipo y que Lionel Messi se sentía cómodo acompañado por estos jugadores.

Sabella sufrió lo que Valdano alguna vez definió como miedo escénico y sacó a dos jugadores clave para el funcionamiento del equipo, como Gago e Higuaín, aduciendo que venían de lesiones, por lo que no estaban bien futbolísticamente, y puso cinco defensores, tratando de jugar por los costados con la proyección de los laterales, pero sin tener una referencia en el área. El resultado fue desastroso, más allá de que Argentina se retiró al vestuario ganando con mucha fortuna 1-0, y cuando les devolvió el puesto a Fernando Gago y Gonzalo Higuaín, el equipo volvió a ser el de siempre, picante, ofensivo y dueño de las situaciones.

Lo que hizo en realidad Sabella fue sobrevalorar a Bosnia, temiendo la potencia de Edwin Dzeko o la ubicuidad de Pjanic y Susic, los tres mejores jugadores que tiene un seleccionado mediocre como el bosnio, que cuando fue atacado demostró una gran fragilidad defensiva, mayor que la defensa argentina.

Este mismo error lo cometió César Luis Menotti en la apertura del Mundial 1982, cuando sobrevaloró la potencia de Bélgica y armó un equipo para neutralizar al rival, que terminó ganándole 1-0. Los belgas demostraron después que eran un equipo discreto, sin grandes valores, a los que la Argentina de Maradona, Ramón Díaz, Bertoni y Valdano entre otros le hubiera ganado muy fácil si la atacaba.

Todos los técnicos predican que quieren un "equipo equilibrado", que no sufra en defensa y lastime en ofensiva, pero saben que es muy difícil encontrar ese equilibrio. Que hay equipos que se destacan por la solvencia de su defensa o por la explosión de su ataque y no hay que tratar de mejorar las falencias perjudicando las virtudes.

Si el problema son los defensores, no hay que agregarle otro y sacar un volante para arreglar el problema. Se corre el riesgo de agravarlo. A la defensa de cinco que puso Sabella ante Bosnia no sólo le sobraba un defensor, sino que le faltaba uno que anticipara siempre a Dzeko (tuvo un mano a mano con Romero y una escapada que terminó por arriba del travesaño) y dos laterales que no les permitieran a Hajrovich y a Susic desbordar, como les permitieron Zabaleta y Rojo, más preocupados en hacer lo que no saben hacer (atacar) que en clausurar su sector.

Muy pocos equipos en este Mundial tienen cuatro jugadores desequilibrantes, que además se entiendan entre ellos y no se superpongan en sus funciones. Ahí está la carta de triunfo de Sabella y su gente: hay que aprovechar al máximo el desequilibrio de Lionel Messi, y para ello tiene que tener al lado la dinámica de Ángel Di María, la chispa de Sergio Agüero y el trabajo de ablande a las defensas de Gonzalo Higuaín. Si falta alguna de estas piezas, el equipo se resiente. También hace falta una salida clara en la mitad de la cancha, con ese toque preciso entre líneas que aporta Fernando Gago. Estos cinco jugadores, más el sacrificio de Javier Mascherano para recuperar y tocar, son los fundamentos que ilusionan a millones de argentinos para pensar que esta vez puede ser. Por eso los seis son intocables, salvo por lesión o cansancio, más allá de cómo estén jugando en sus respectivos equipos.

La Selección no tiene que buscar el equilibrio, sino el desequilibrio en el área ajena, y si estamos condenados a 3-2 o 4-3, mientras que hagamos un gol más está todo bien. Una de las grandes mentiras del fútbol es que el 0-0 es el resultado perfecto porque no se cometieron errores. En realidad, en un 95% de las veces lo que pasa es que no hubo virtudes. En el fútbol manda el que tiene la pelota y es el que propone a qué se juega.

Ahora vienen dos partidos que se tendrían que resolver con sencillez y hasta se podría golear. Por supuesto que no hay que menoscabar los valores de los rivales. Hay que hacer valer las virtudes de la Selección argentina y salir a ganar desde el primer minuto. Esperemos que Sabella haya aprendido la lección y cuando busque el equilibrio piense en cambiar a los que no funcionan y no en tocar a los que hacen funcionar a todo el equipo.

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