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La doble navaja de Massa para presionar a gobernadores PJ
• En expansión nacional, el tigrense sumó a Verna: apuesta a exgobernadores e intendentes. antecedente Herminio
Carlos Verna, Sergio Massa y Herminio Iglesias
La red, que integró a Verna, incluye a Das Neves y al entrerriano Jorge Busti. Los tres son exgobernadores y enfrentan, en sus provincias, a mandatarios K: Jorge, el kirchnerizado Martín Buzzi y Sergio Urribarri, de Entre Ríos, estrella cristinista.
Oficio
Massa sobrevuela a otros actores. Diez días atrás, telefoneó a Ramón Puerta, que revivió en Misiones con 24% de los votos, para saludarlo por su cumpleaños. El tigrense -experto en RRPP, oficio que arrastra desde sus días de coordinador de viajes estudiantiles- no fue el único ex K que recordó el onomástico de Puerta: 15 minutos antes del telefonazo de Massa, el abrazo a la distancia a Puerta se lo dio el banquero Jorge Brito, que integra los "titulares" según Cristina de Kirchner.
El caso Verna es sintomático y ejemplar. En octubre, el PJ pampeano elige autoridades. De un lado están los sectores alineados a la Casa Rosada, del otro, el senador en alianza, el histórico Marín, que busca su reelección, y que mantiene una buena relación con Daniel Scioli cincelada a fines de los 90 cuando ambos habitaban la galaxia menemista.
El truco de Verna es simple: tratar de retener el sello partidario para, en la aventura de arrancar, blindar el PJ a las intromisiones externas para, llegado el caso, ofrecerle a Massa una porción de peronismo institucional.
Lo mismo puede hacer Daniel Peralta, gobernador de Santa Cruz, que verbalizó su simpatía por el tigrense. El exkirchnerista fue, hasta ahora, el único mandatario que hizo público un gesto mientras otros hablan con Massa pero lo hacen en reserva.
La tribu de exgobernadores es una de las navajas que el jefe del Frente Renovador exhibe para incomodar a los caciques del PJ que perduran en el dispositivo K. No les rompe el territorio ni los hiere feo pero, gestual, les avisa que en el futuro mediato no permanecerá inmóvil.
El otro filo son los intendentes. Massa ya aplicó ese método en la provincia de Buenos Aires, donde reconstruyó la "mesa" de caciquejos para darle soporte a su Frente Renovador. La tanda hasta el 11-A anotó veintiún alcaldes, mayoritariamente de municipios, en general intendencias vip con cierto nivel de autonomía financiera.
El modelo lo piensa replicar a nivel nacional y, de hecho, hizo un ensayo en Córdoba, donde días atrás se mostró con Ramón Mestre, intendente radical de la capital mediterránea. Aunque dijo sentir "cariño personal" por José Manuel de la Sota, quien igual mandó a sus mastines a torear al tigrense. En su volatilidad, el cordobés aparece más cerca de Scioli que del tigrense.
Seguro del triunfo en octubre, movió preventivamente ante una jugada que adivina en Scioli: apurar la organización del PJ nacional para elegir nueva cúpula y dejarlo afuera.
Mordaz, respondió a los interrogantes de su entorno sobre el tema del peronismo y Scioli con una referencia histórica: "A Herminio (Iglesias) no le sirvió de nada tener el PJ para frenar la renovación de Cafiero. Los liderazgos los define la gente".
Un asunto de diván: el massismo nostálgico se tienta con trazar una analogía entre la primavera cafierista, que tuvo como sello Renovación, y el proceso que ordena Massa.
Luego de presentar un bloque en Diputados, atar el acuerdo con Verna -que a priori tiene un argumento legislativo pero tiene un interés más amplio: "Vos sabés armar", lo mimó Massa, y el incipiente acercamiento a intendentes y exgobernadores, cristalizan una obviedad: incluso antes de la escala electoral de octubre, Massa empezó con la gimnasia de expansión extraterritorial.


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