20 de julio 2015 - 00:00

La dramaturgia criolla conquistó festival de Aviñón

“Cuando vuelva a casa voy a ser otro”, obra del argentino Mariano Pensotti que se estrenó en el festival de Aviñón con gran repercusión. En Buenos Aires se estrena en septiembre.
“Cuando vuelva a casa voy a ser otro”, obra del argentino Mariano Pensotti que se estrenó en el festival de Aviñón con gran repercusión. En Buenos Aires se estrena en septiembre.
Aviñón - La obra del argentino Mariano Pensotti "Cuando vuelva a casa voy a ser otro" fue muy aplaudida el sábado por un público aviñonés que abucheó en cambio sin miramientos obras de artistas consagrados como el coreógrafo Angelin Preljocaj o un "Rey Lear" de Shakespeare puesta en escena por el francés que dirige el Festival, Olivier Py. La obra de Mariano Pensotti fue la última en estrenarse de las tres argentinas incluidas este año en el programa oficial, junto con "El síndrome" de Sergio Boris y "Dínamo" de Claudio Tolcachir. En lo que describe como un "museo arqueológico de las identidades", Pensotti, un admirador de la "Comedia Humana" de Balzac, hace desfilar a los personajes sobre un escenario con dos cintas transportadoras paralelas para exponer sus deseos, ambiciones y frustraciones.

"Uno está permanentemente construyendo su identidad y afianzándola a través de ficciones, porque modifica o transforma su propio pasado cada vez que lo cuenta", dijo Pensotti. "Hay una especie de prisión en la identidad, la imposibilidad de ser muchos". La obra nació a partir de un hecho real. El padre del autor, un ex militante que había enterrado en el jardín objetos comprometedores por temor a un allanamiento policial durante la dictadura, volvió a encontrarlos décadas después y se vio confrontado a aquel pasado muy diferente de su realidad presente.

"Yo en aquel momento estaba trabajando en un proyecto sobre la idea del doble, del ser otro", señaló Pensotti, de 42 años. "Una de las cosas que a mí me interesan es cómo uno cambia el relato de su vida a lo largo del tiempo, cómo uno inventa o transforma su propio pasado". Aclara que "no es una obra sobre la dictadura ni sobre el pasado, sino sobre cómo éste proyecta una sombra en el presente y cómo los mitos familiares y personales afectan nuestra identidad".

La obra de Pensotti --que se estrenará en Buenos Aires en septiembre y luego seguirá de gira por Europa-- es una permanente caja de sorpresas. Y un eficaz antídoto contra la nostalgia, el mal rioplatense por excelencia pero que también cunde por otras latitudes. Sobre su cinta transportadora desfilan un récord de ocurrencias por segundo, en una desopilante superposición de planos espaciales, temporales y a veces hasta de diálogos. "Me interesa robar ideas o procedimientos del cine y usarlas de una forma muy teatral", dice Pensotti. Cuando era más joven, optó por las tablas porque hacer cine no estaba al alcance de su bolsillo. El teatro ganó un dramaturgo genial y el cine, por ahora, puede esperar.

A frente de su compañía Grupo Marea, creada durante la crisis del 2001 en la Argentina, Pensotti es hoy una de las figuras más destacadas del teatro experimental mundial. Obras como "Cineastas", "El pasado es un animal grotesco", o "Sometimes I think I can see you" fueron aclamadas de Los Ángeles a Bruselas. Y este argentino morocho y longilíneo ya está escribiendo otra para el teatro HAU de Berlín, inspirada en acontecimientos de la revolución rusa.

Al frente de Timbre 4, otra compañía independiente que también floreció en la crisis del 2001, Claudio Tolcachir trajo por su parte "Dínamo", obra también muy visual y corporal (ya estrenada en Buenos Aires), en la que el exitoso director de 40 años redujo el texto un mínimo. Explora la soledad humana de tres mujeres marginales que conviven en una casa rodante. La temática cuadró perfectamente con la voluntad del Festival de que su 69ª edición reflexione sobre la relación con el otro, con lo diferente.

Sin la excelente calidad de actores de que dispusieron sus dos compatriotas, Sergio Boris aceptó trabajar con alumnos de la escuela de teatro de Bordeaux para montar "El síndrome", sobre un grupo de estudiantes franceses instalados en Buenos Aires y que terminan olvidando su identidad francesa. "La escena argentina es muy diversa y dinámica pero pobre, no estamos subvencionados" deplora Boris, cuya obra "Viejo, solo y puto" triunfó en Francia, Bélgica y España. "Pero la pobreza de recursos también es estimulante", agregó. El cuarto director argentino, no seleccionado entre las 40 obras del programa oficial, apareció entre las 1.300 presentadas en el "off" de Aviñón: Jorge Lavelli (ver nota aparte), radicado en París, montó a los 83 años "No lo esperábamos" del sueco Stig Larsson, bien recibida por el público.

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