Un análisis superador de esta impresión lo brindaron los economistas Ana María Cerro y Víctor Iajya de la Universidad del Tucumán. Fue en un trabajo titulado «Currency Crises and Institutions: The case of Argentina 1862-2004», en el marco de la XLIV Reunión Anual de la Asociación Argentina de Economía Política realizada hace un mes. Cerro y Iajya analizan lo sucedido desde que en 1862 Bartolomé Mitre derrotó a Urquiza hasta 2004, el primer año de la gestión de Néstor Kirchner. Se preguntan: ¿Por qué la Argentina siempre sufre crisis cambiarias? ¿Por qué las autoridades económicas siempre eligen políticas macroeconómicas distorsivas? ¿Por qué no se llevan a cabo las reformas de manera tal de evitar las crisis? Es decir que el análisis va más allá del relato de lo acontecido en la Argentina en el Bicentenario; se trata de encontrar las causas por las que no se aprende de los errores de política económica y se los repite año tras año como si gobernara «Funes el olvidadizo». ¿Cómo explicar que tras el default de la deuda en los 80, la Argentina lo haya repetido en 2001 y haya estado cerca de volver a hacerlo este año, o por lo menos ésa era la impresión de los mercados con rendimientos del 40% en dólares de los papeles de la deuda?
Cerro y Iajya exploraron la relación existente entre las crisis cambiarias y las instituciones en la Argentina a lo largo de esos 143 años de su historia y trataron de recoger evidencias acerca de que son sus débiles instituciones las que fueron responsables de la pasión por caer en crisis. En el trabajo de los economistas de la UNT se describen los siguientes aspectos de la performance del país:
Hay diferentes definiciones de instituciones. El Banco Mundial define a las instituciones como «las reglas formales e informales y sus mecanismos de cumplimiento que dan forma a la conducta de los individuos y las organizaciones en una sociedad».
En la estimación de la probabilidad de una crisis profunda, la primera importante conclusión es que los índices institucionales son estadísticamente significativos aun cuando se incluyan variables macroeconómicas. Un empeoramiento en la calidad institucional aumenta la probabilidad de una crisis.
Por todos estos motivos descriptos en este completo informe se entiende el impacto que tuvo la intervención oficial en el INDEC. ¿Qué muestra más clara contra las instituciones que desembarcar en la fuente de información estadística que casualmente difunde datos económicos poco alentadores en materia de inflación? En teoría, no debería haber impactado demasiado en inversores, pero el hecho de existir en la plaza bonos indexados por la inflación minorista los hizo comparables a un incumplimiento del contrato o default. Pero aún más allá de este impacto financiero, quedó la sensación instalada en inversores de que todo es posible de allí en adelante, no sólo en cuanto a la adopción de políticas económicas, sino también en referencia a la alteración de la realidad. La recuperación de la soja y, en definitiva, de los mercados internacionales hizo que este capítulo pueda pasar inadvertido por inversores o circunstancialmente archivado.
Otra muestra puede ser la estatización de las AFJP. Significó otro golpe a las instituciones, pero también ahora quedó en el olvido. Pero no significa que la medida haya sido gratis en cuanto a costos: trajo aparejada una suba de las tasas de interés domésticas y una fuga de capitales. A lo que se apunta es a que puede ser que haya medidas que en el corto plazo queden olvidadas por el auge financiero, pero no significa que no hayan tenido un costo, incluso mayor que el supuesto beneficio que el Gobierno obtuvo.
La historia argentina es riquísima entonces en la creación de medidas para emparchar situaciones de corto plazo. La repetición de éstas ya no sorprende. Controles de precios a las empresas no fueron descubiertos por Guillermo Moreno. La aplicación de retenciones a las exportaciones o el impuesto al cheque no fueron inventados por Roberto Lavagna ni Domingo Cavallo. El aumento del gasto público previo a una elección no es exclusividad de Néstor Kirchner. Las estatizaciones de empresas tampoco. El uso discrecional de fondos más allá de lo que indique el Presupuesto nacional, menos (antes, en los 80, incluso ni siquiera se lo aprobaba en tiempo, antes del inicio del ejercicio). El aumento de salarios pactado de una oficina gubernamental no vino con el nuevo milenio. La protección o la aplicación de trabas a las importaciones de determinados sectores ya surgió casi con el nacimiento del país. La creación de empleo público a nivel nacional y provincial ya era algo clásico en los años 30.
Al menos el mundo es diferente. En los siglos XVIII y XIX el crecimiento estaba circunscripto a un pequeño número de países. «En 1760, la revolución industrial llegó, inicialmente a un pequeño número de países pudieron despegar, permitiéndoles experimentar un crecimiento sostenido del ingreso per cápita por los próximos 250 años», aseveró el economista Xavier Sala-i-Martin en una entrevista de Brian Snowdon en el World Economics (January-March 2006). · «Afortunadamente, durante las dos últimas décadas y media, la mayoría de los habitantes del mundo están experimentando ingresos en alza por las aceleraciones del crecimiento en China y la India, que juntas tienen el 37% de la población mundial», completa. Sólo con que gobierne o sea ministro de Economía Funes el Memorioso, bastará para que la Argentina vuelva a subirse al tren de los países más desarrollados. No es poco pedir a la luz de lo que aconteció y acontece. Pero resulta algo simple si tan sólo se mira lo que sucede cruzando los Andes, el Río de la Plata o más allá de las Cataratas del Iguazú.


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