- ámbito
- Edición Impresa
La eficaz ilusión de un mercado perfecto
Muchos se preguntan si la millonaria compra de Ken Grifith fue casualidad o un nuevo “truco” para contrarrestar el ánimo de los inversores por la noticia reciente de la baja que circula en todos los medios especializados.
Dentro de las propias, no es novedad que el mercado del arte en los países centrales sufrió hace más de dos décadas una de sus transformaciones más profundas de las que se tenga memoria, que tuvo dos características sobresalientes: la decisiva influencia que comenzó a tener el mercado de capitales operando sobre las cotizaciones de las obras, y la masiva presencia que el arte empezó a tener en los medios de comunicación primero y tecnológicos después.
Ya no se trataba de un limitado grupo de coleccionistas de diverso poder adquisitivo que amaba el arte pujando por poseer una obra que a lo largo de los años se convertiría (o no) en una inversión creciente dependiendo de la trayectoria del artista y la valoración que logre, sino que pasó a tener aspectos de ilusionismo que -bien manejados comercialmente- comenzaron a producir ganancias fenomenales en un lapso más corto y con márgenes antes impensados, sin mencionar que mientras esto sucedía, se convertía en una forma de hacer "visible" en el corto plazo cifras enormes en un circuito financiero donde el dinero literalmente sobraba.
Los artistas tocados por esta mágica varita fueron en los 80 los impresionistas franceses, para ir dejando paso a los abstractos de la escuela de Nueva York y otros contemporáneos luego, algunos de ellos maestros consagrados, y otros que el mercado consagró durante el proceso, en su mayoría británicos y estadounidenses.
En el siglo XXI, China entraría en el juego, con sus artistas que serían promovidos en el circuito de galerías y museos de Europa y EE.UU. y luego subastados en Nueva York, Londres y, Hong Kong.
Por otra parte, los megaprecios de siete, ocho y nueve cifras se circunscriben siempre a la parte superior de las grillas, donde se multiplican con facilidad gracias a la presencia de compradores megamillonarios.
Pero ¿qué pasa con la mayoría de las obras? Después de los récords de ventas de 2014, el Outlook Report de la revista Art Tactics, predijo la baja en las ventas para 2015 en los tres mercados más grandes de arte contemporáneo, que en las franjas medias y bajas efectivamente sufrieron una baja del 7,8%, y en la franja más alta, de hasta un 50%.
En otros mercados asiáticos, sin embargo, como la India o Singapur, hubo un crecimiento en el mismo período que llegó al 14% y al 28% respectivamente, aunque con cifras mucho más modestas que las que se manejan en las grandes capitales.
Es en este panorama que, en los últimos días, la compra de dos cuadros de expresionismo abstracto ("Interchange", de Willem de Kooning, en 300 millones de dólares, y "Number 17 A", de Jackson Pollock, en u$s 200 millones) por parte del millonario Ken Griffin (quien maneja un fondo de adquisiciones de arte que llega a operar más de u$s 1.300 millones en la actualidad) ha enloquecido de nuevo al mercado. ¿Casualidad o un nuevo truco de los grandes ilusionistas, para contrarrestar el ánimo de los inversores por la noticia reciente de la baja que circula en todos los medios especializados? No podemos saberlo, ya que si bien los datos se conocían desde hace meses, una movida de 500 millones de dólares, hecha por uno de los magnates de las finanzas más ricos del mundo, tiene un enorme impacto, aunque sea porque, como hacen todos los buenos magos, centran la atención en un lugar para que no se vea el truco en el otro, y en este caso la focalizan en un ínfimo porcentaje de las operaciones, esta vez fuera de las subastas, que muestran cifras deslumbrantes para diluir la baja del resto. Mientras tanto, las dos obras compradas por el magnate han sido cedidas al Instituto de Arte de Chicago a préstamo, lo que sin duda las valorizará en gran escala a la hora de mandarlas a subasta, porque todo lo que se exhibe en un museo preserva o eleva su valor, y a más prestigio del museo, mayor es la valorización
Griffin, conocedor de las reglas de juego, dona grandes sumas a los Museos y hace poco le transfirió, por ejemplo, u$s 40 millones al Museo de Arte Moderno de Nueva York. (MoMA), además de otras donaciones igualmente importantes a grandes museos e Institutos dedicados al arte moderno y contemporáneo.


Dejá tu comentario