La emergencia de Macri despierta a sus enemigos

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Lo primero que aprende el compañero es que ser peronista es una forma del sufrimiento sobre la Tierra. Y que serlo en la Capital Federal multiplica esos padecimientos. No sólo tienen que soportar que les hagan las listas a dedo, que un ministro les mande a meterse la marchita adonde no alumbra el sol o les ordenen votar la candidatura a diputado de un comunista, adversario de toda la vida. También tienen que aguantarse que su partido gobierne el país desde hace siete años pero que en su distrito -que es donde tiene sede ese Gobierno y es la vidriera de la política nacional- ellos deban seguir buscando una identidad, unos votos que nunca llegan y, lo más importante, no estar cerca de alguna caja que les alivie la existencia. Es la razón de esos retorcimientos de la militancia con traiciones, dedazos, alianzas estrafalarias, formas de buscar en vano los votos que jamás encuentran.

Las hilachas del peronismo del distrito intentan reagruparse debajo de liderazgos que duran un instante, buscan imaginar alguna otra vida que les permita estar a la altura de sus compañeros de otros distritos en donde el peronismo reina sin disidencias y acompaña sin fantasías al Gobierno nacional. La cercanía de las elecciones los vuelve a enloquecer cada dos años y reaparecen peñas, sellos, agrupamientos que intentan ponerse detrás de alguna carta ganadora que les haga ganar respeto entre sus colegas propios y ajenos.

El grupo que despunta en estas horas es el que busca el favor kirchnerista que los blinde de las chanzas del propio Néstor Kirchner quien, cuando puede, les recuerda su serie de derrotas. El bastonero de más alto rango de ese grupo Recuperación es hoy el ministro Carlos Tomada, a cargo de una peña que sesiona todas las semanas en almuerzos que se hacen en El Histórico, un comedor que funciona en el edificio que fue de la Biblioteca Nacional de la calle México y que administrara uno de los mitos del gorilismo criollo, Jorge Luis Borges. La misión es ofrecerle a Kirchner una plataforma aceptable para respaldar su proyecto presidencial en 2011.

Algunos de sus integrantes son de la vieja guardia oficialista, como el sindicalista Roberto Digón, el secretario de Culto Guillermo Oliveri, el legislador local Juan Cabandié (llegó a la banca por su desgracia de ser hijo de desaparecidos), el cineasta Jorge Coscia (secretario de Cultura), Daniel Filmus, Abel Fatala, el sindicalista Tito Nenna (a quien en estos tiempos de bonanza gay le hacen bromas con la pregunta: «Definite, ¿sos tito o sos nena?»), el veterano Tito Ypas o el viceministro Roberto Feletti.

La nueva quimera es el enésimo lanzamiento del peronismo porteño, esta vez con un cabildo abierto que se hará el 29 de mayo -Día del Ejército, de paso- en el legendario club Unidos de Pompeya. El «controller» político de esta banda es Mauricio Mazzón, hijo del operador presidencial Juan Carlos, que tiene oficina junto a la de Cristina de Kirchner. Los anima que se ha incorporado al grupo el versátil Diego Bossio, a cargo de una de las grandes cajas del Gobierno, la ANSES, una ayuda que facilita mucho las cosas en un peronismo que no gobierna el distrito ni tampoco tiene una bancada rentable en la rica Legislatura porteña. Para ese cabildo esperan sumar a la cúpula del Banco Central (que tiene plata, pero no la puede gastar en política) que integran el radical K Miguel Pesce y Mercedes Marcó del Pont. Trae agua desde la provincia de Buenos Aires el ministro sciolista Alberto Pérez, un hombre que después de todo tiene su querencia política en la Capital, adonde comenzó también la carrera de Daniel Scioli.

Esta movilización tiene la finalidad no sólo de prestar apoyos al Gobierno de Cristina de Kirchner, sino también es un intento de ganar la calle en el momento en que se complica la situación de Mauricio Macri. En las sobremesas de El Histórico se especula que si es procesado será el momento de ganar la calle y presionar sobre la Legislatura para su destitución. El cálculo que tienen es que si llegan a dar vuelta 9 votos en ese cuerpo pueden lograrlo. «A Ibarra se le dieron vuelta muchos más legisladores. En una de ésas se nos da».

¿Y el PJ, que fue con ellos a las elecciones con Carlos Heller a la cabeza? Ese sello resuelve de otras maneras su travesía por el desierto. No lo invitan estos kirchneristas al titular del partido porque Juan Manuel Olmos padece en este tiempo una fiebre que han tenido muchos, su enamoramiento de Gabriela Michetti, en cuya candidatura cree como pocos. Tampoco a Alberto Iribarne, ex ministro de Kirchner pero que milita hoy en el felipismo, maneja el Instituto de Formación Política del PJ, que tiene fondos estatales del Ministerio del Interior y ha puesto a su hija Inés como vicepresidenta del PJ local. Iribarne está señalado por ser un emisario porteño de Eduardo Duhalde y no está para estas kirchneriadas. Tampoco lo tienen en cuenta a Diego Kravetz, que fungió de kirchnerista pero que convive hoy junto al sindicalista Víctor Santa María merced a un acuerdo no escrito con la administración Macri que los margina, siendo peronistas con poder en el distrito, de estas escaramuzas.

La sombra de Duhalde distrae a otra formación del peronismo porteño que busca salir del estado gaseoso. Une a restos del menemismo y a antikirchneristas que buscan convertirse en representantes del Peronismo Federal en la Capital. Se juntaron el miércoles pasado en el salón Unione e Benevolenza llamados por Octavio Frigerio y lograron que asistiera como «key speaker» Ramón Puerta, quien desarrolló en un discurso su teoría de que Kirchner es el partido de la inflación, pero que este fenómeno de la economía, aunque perjudique al público, beneficia las chances electorales del santacruceño para volver a ser presidente. «La inflación crea en cierto público la sensación de bonanza, aunque sea por un momento, le conviene al Gobierno porque recauda más y licua deudas, y con eso puede captar votos», advirtió el diputado.

No logró este grupo atraer la presencia del representante foral de Duhalde en el distrito, Miguel Ángel Toma, custodio de esa relación porque hay gente en el Gobierno Macri que también tiene esa observancia, como Cristian Ritondo, y no es momento de elegir a unos por otros. Estrella de esa reunión en Unione e Benevolenza fue Moisés Ikonicoff, uno de los oradores junto al puntero de Belgrano, Raúl Padró, quien siempre alardea de que le ha ganado las internas a Iribarne en su barrio. Lo aplaudieron a rabiar hombres del peronismo que fueron y quieren volver a ser, como Humberto Toledo, Pascual Albanese, Emilse Maury, Mauricio Silva, Jesús González, Lito Muzikansky, Mariano Caucino, Osvaldo Agosto y, entre otros, Nicolás Granillo Ocampo.

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